Intentamos conocer, valorar, dar a conocer y compartir la presencia o la ausencia de los jesuitas en el quehacer cubano: en lo religioso, lo eclesial, lo educativo, lo literario, lo cultural, lo científico, lo político, lo social, a lo largo de tres etapas bien marcadas y diferenciadas (1566-1767, 1854-1961 y 1962-2021) en 434 años, desde la llegada inicial en 1566 hasta hoy.

A continuación les compartiremos un breve - muy breve - resumen de lo esencial ocurrido durante esos 434 años de presencias y ausencias de jesuitas en el quehacer de Cuba. A  los lectores de estas notas introductorias, les pedimos que nos ayuden a corregirlas y enriquecerlas, con sus sugerencias y materiales.

Primera etapa: 1566-1767

La primera etapa de la presencia de jesuitas en Cuba fue llevada a cabo por jesuitas miembros de la Provincia de Nueva España (hoy México). En su mayoría eran jesuitas nacidos en el Nuevo Mundo, con una visión y experiencias distintas a la metropolitana. Hicieron una importante obra educativa desde dos colegios, el San José, en La Habana, y el San Ignacio, en Puerto Príncipe (hoy Camagüey).

Lamentablemente, esa presencia estuvo manchada por el componente esclavista que tuvieron las empresas productivas (ingenios y haciendas) con las que apoyaron económicamente su brillante labor educativa.

A esa Provincia de Nueva España comenzaron a incorporarse cubanos. Uno de los más reconocidos fue José Julián Parreño, tío del muy influyente esclavista y fomentador de la manufactura azucarera Francisco de Arango y Parreño.

De esa primera etapa, aspectos importantes han sido estudiados y expuestos en tesis universitarias,  libros, artículos y conferencias: prolongado proceso de llegada, reconocida labor educativa, abundantes propiedades urbanas y rurales, eficientes y cuestionadas actividades productivas y militarizada expulsión borbónica.

Las Dras. Mercedes García y María Victoria Guevara, los Dres. Pedro Pruna, Eduardo Torres Cuevas, Edelberto Leiva, Yuri Belén y el P. José L. Sáez, S.J. han dirigido su acuciosa mirada histórica hacia el conjunto de esos temas o hacia alguno en particular. Los textos producidos por estas autoras y estos autores, con una temática histórica muy relacionada entre sí, están siendo coleccionados y dados a conocer y estudiar por el Fondo Histórico de los jesuitas en Cuba, para cuyo desarrollo y actividades necesitamos su mayor y mejor colaboración.

Entre esos textos están: Los jesuitas en Cuba hasta 1767, del Dr. Pedro Pruna, con prólogo del P. José L. Sáez, S.J. (ya puesto a circular digitalmente); Azúcar y religión. Los jesuitas en la economía de Cuba (1720-1767), de la Dra. Mercedes García, con prólogo digital  de la Dra. María V. Guevara y prólogo impreso del Dr. Oscar Zanetti (ya casi listo para publicación digital); Antecedentes de una controvertida fundación jesuítica en La Habana del siglo xvii, de la Dra. María Victoria Guevara; Presencia y ausencia de los jesuitas en Cuba (1720-1854), de los Dres. Eduardo Torres Cuevas y Edelberto Leiva, con prólogo del Dr. Roberto Méndez;  Presencia de los jesuitas en el quehacer de Cuba, tomo I: 1566-1961, del P. José L. Sáez, S.J., con prólogo del Dr. Edelberto Leiva y Los colegios jesuitas en Cuba. Su influencia en la educación de Cuba (1720-1961), del Dr. Yuri Belén Ramírez (tesis doctoral en proceso de ser transformada por su autor en ensayo histórico-pedagógico).

Estos textos y sus prólogos arrojan luz histórica sobre la presencia y ausencia de los jesuitas en Cuba. Los iremos dando a conocer.

Segunda etapa: 1854-1961

Después de una larga ausencia entre 1767 y 1854,  la segunda etapa de jesuitas presentes en Cuba fue llevada a cabo principalmente por jesuitas españoles, miembros de la Provincia de León. Llegaron a Cuba cuando ya soplaban los fuertes vientos de la necesaria separación de España.

Venían alimentados por el conservadurismo tradicionalista que se apoderó de la Compañía de Jesús al ser desterrada (1767) por los Borbones y casi total-mente disuelta y suprimida por el Papa Clemente XIV en 1773, y restaurada en 1814 por el Papa Pio VII.

Se encerraron, casi conventualmente, en sus casas, y se dedicaron de manera prioritaria a la labor educativa, científica y literaria en ambientes urbanos, con la población blanca y bien acomodada.

Fueron muchos, muy buenos y muy reconocidos, los colegios que aquellos jesuitas lograron diseminar por toda Cuba: el Real Colegio de Compostela, el Colegio de Belén de Marianao, el de Santi Spíritus, el Montserrat de Cienfuegos, el de Sagua la Grande, el de Nuestra Señora de los Dolores de Santiago. Tres de ellos ―Belén, Montserrat y Dolores― con espléndidas estaciones meteorológicas.

Estos colegios, ubicados en amplios y funcionales edificios, con buenos laboratorios de Física y Química, con academias literarias y bibliotecas escolares, con terrenos e instalaciones deportivas, con cuidadosos programas escolares iluminados por la Ratio Studiorum (Plan de Estudios de 1599), eran parte de la vasta red de colegios e instituciones educativas que los jesuitas habían ido desarrollando desde la fundación del Colegio de Messina (1548) y estaban consagrados a imbuir, en sus estudiantes y graduados, los valores y las capacidades de un radical humanismo cristiano, con sentido patriótico y orientación social. La Electromecánica Belén (1940-1961), de alto nivel técnico-profesional, marcó una ruta popular y social.

Todo lo anterior aparece claramente definido y establecido en Reglamento interno  de los colegios de la Compañía de Jesús en Cuba y en Vigencia de la Ratio Studiorum (tesis doctoral del P. Eduardo Martínez Márquez, S.J., Rector del Colegio Belén de Marianao).

Una actividad prioritaria de esta segunda etapa fueron Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio y su promoción en las Casas de Ejercicios, construidas para tal efecto a lo largo de Cuba: La Habana, Camagüey y Santiago.

La producción de excelentes libros de texto, la investigación científica, la observación y la predicción meteorológica, así como la producción literaria y periodística, fueron otras tantas maneras de estar presentes en el quehacer cubano: la química del P. Román Galán, la biología del P. Faustino García, la geografía del P. Beloqui, los trabajos meteorológicos del P. Benito Viñes, la poesía del P. José Rubinos y su Aguja de marear en el Diario de la Marina, las investigaciones, colecciones y escritos sobre arácnidos del P. Pelegrín Franganillo, la labor social y política del P. Manuel Foyaca desde el Centro de Información y Acción Social y su constante promoción de la Democracia Cristiana; el P. Salvador Freixedo con sus 40 Casos de Injusticia Social, el P. Enrique Oslé como asesor de la Juventud Obrera Católica (JOC), la presencia del P. Felipe Rey de Castro y la Agrupación Católica Universitaria en la Universidad de La Habana en el barrio Las Yaguas, y sus encuestas nacionales.

En este momento, la vida y obra de los PP. Manuel Foyaca y Felipe Rey de Castro están siendo estudiadas, con fines de publicación, por los Doctores Irán Santos y Roberto Méndez.

Otros aspectos de esta segunda etapa están siendo investigados y convertidos en tesis universitarias y en artículos de divulgación histórica por parte del MsC. Leonardo Fernández. Ojalá que podamos tener acceso a esas tesis y artículos  en una preliminar versión digital, y que en un futuro no lejano esas tesis y artículos se fundan en uno o varios textos equiparables a los producidos por las autoras y los autores antes mencionados.

En esta segunda etapa, sobre todo a partir de los años 20 del siglo pasado, se fue incrementando la presencia de jesuitas cubanos. Al aumentar el número de sus miembros y el volumen de sus obras, la Compañía de Jesús en Cuba logró ser elevada a Viceprovincia de Cuba y, más tarde, al unírsele República Dominicana y Puerto Rico, a Viceprovincia de las Antillas.

También, en esta segunda etapa, jesuitas cubanos fueron considerados para desempeñar funciones internacionales: el P. Daniel Baldor fue Provincial en Venezuela, el P. Eduardo Martínez fue Instructor de Tercera Probación en Argentina y Director de un colegio y Rector de una universidad allí, y el P. Manuel Foyaca fue Visitador Social para promover la labor social de los jesuitas en toda América Latina y el Caribe.

Tercera etapa: 1962-hoy

A lo largo de esta tercera etapa, hay una drástica reducción de los jesuitas presentes en Cuba, y jesuitas procedentes de otras latitudes (Argentina, México, España, Uruguay, República Dominicana, Brasil, Perú y Paraguay) comienzan a hacerse presentes en Cuba para secundar la labor del pequeño grupo de jesuitas cubanos y españoles que han permanecido en la Isla hasta hoy.

Al desaparecer por completo la posibilidad de tener colegios y universidad propios, la Compañía de Jesús ha optado por modalidades de educación popular, alternativa y complementaria: el Instituto María Reina en unión con la Conferencia de Religiosos y Religiosas, los Centro Loyola, el ofrecimiento de ciclos de actividades culturales e históricas, entre otros.

Una importante modalidad de educación y de promoción de valores humanos y cristianos es la publicación semanal, a lo largo de todo el año y con distribución nacional de la “hojita’’ de Vida Cristiana.

También, sin abandonar la opción prioritaria de los Ejercicios Espirituales, los jesuitas han tenido que aceptar, ante la ausencia de clero diocesano, una gran dedicación al trabajo de párrocos en parroquias diocesanas.

En esta tercera etapa, los jesuitas de Cuba hemos sido Región Independiente unos años y actualmente somos miembros, nuevamente, de la Provincia de las Antillas, junto con República Dominicana y los jesuitas latinos de Miami. En la actualidad estamos en un proceso para unirnos a otros territorios del Caribe y constituir una nueva provincia en toda esta región.

El P. José Luis Sáez, S.J. ya ha concluido la redacción del tomo II de Presencia de los jesuitas en el quehacer de Cuba. El tercer período al que nos referimos (1962-hoy) es, precisamente, el contenido de ese segundo tomo que está organizado en tres capítulos: capítulo primero entre los años 1962 y 1974: años de debilidad; capítulo segundo de 1974 a 1998: años de confrontación y capítulo tercero desde 1998 hasta el día de hoy: un largo camino para el diálogo.

De la misma manera como se hizo cuando se lanzó el primer volumen de esta obra esperamos que pronto sea posible realizar, con el P. Sáez presente, el lanzamiento de esta obra tanto en su versión impresa.

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Mucho agradeceré el que podamos compartir lo que Uds., amables lectores, encuentren válido en estas breves notas. También recibiremos con gusto y provecho las críticas constructivas y enriquecedoras que les sugiera su buena conciencia histórica. Así podremos entre todos recibir y promover los bienes de toda historia válida y verdadera: “La historia es testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria y maestra de la vida”, como dijo Cicerón en uno de sus inspirados discursos romanos.

 

Por: Román Espadas, S.J.