A muchos de nosotros nos pasó que cuando vimos cómo el nuevo virus se extendía en China pensamos que no saldría de sus fronteras; pensamos que pronto se inventaría una vacuna; que alguno de los países del llamado primer mundo, animados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), no dejarían que se extendiera por el mundo. No cabe duda que, poco o mucho, sí nos han influido las series y películas americanas. Más aún, de este lado de América Latina, también creímos que nuestro clima tropical calcinaría el virus nada más al poner su “corona” en nuestras tierras. Pero la fuerza y realidad del COVID-19 se impuso, y lo que nosotros pensamos contrasta mucho con la realidad que hoy vivimos, situación que poco a poco nos ha dejado con una gran inseguridad, perplejidad y preocupación.

Siguiendo el modo nuestro de proceder, frente a este entorno de pandemia, estamos invitados a no sólo mirar cómo se va desmoronando el piso, sino que debemos actuar, comenzar a trabajar ya desde ahora, a partir de los pocos y cambiantes datos que tenemos del comportamiento del virus en nuestra vida, el modo cómo emprenderemos lo que el COVID-19 ha provocado en cada una de las esferas de nuestra sociedad, incluyendo el impacto a nuestras instituciones educativas.

Por lo pronto es claro que, por un tiempo, los besos, abrazos, saludos de mano y las reuniones o fiestas masivas se habrán de posponer; los cubre bocas, el uso del gel, el distanciamiento social, la sospecha que sigue a un estornudo y las perturbadoras huellas que nos dejó el coronavirus, han hecho que nuestras rutinas personales cambien y las nuevas prácticas deberán estar marcadas por un nuevo “Reglamento de higiene, salud y bienestar escolar”, el cual ya hemos de comenzar a delinear para prevenir situaciones de posibles contagios, miedos imaginarios y la salvaguarda de los derechos universales de cada uno de los miembros de la comunidad. Nuestros centros educativos tendrán que evitar toda discriminación, señalamiento, aislamiento y agresión de quienes se encuentran en situaciones de riesgo, que están expuestos por su labor dentro de la institución a un posible contagio o se encuentren con COVID-19; la solidaridad, acompañamiento y cariño que surge de una vinculación comunitaria, deberán ser la marca evangélica de nuestros centros 2 educativos. Al equipo directivo, junto con todas sus labores educativas, les corresponde inspirar tranquilidad y confianza en el día a día de los tiempos de clase; les concierne sumar recursos para robustecer los espacios con tecnología que ayude a cuidar la salud de todos. Asimismo, el área destinada a la enfermería, estará brindando un mayor servicio si favorece el chequeo médico del personal de nuestras instituciones con la finalidad de hacer palpable la importancia que tienen las personas y el cuidado de la salud.

El paso forzado que hemos dado de lo presencial a lo digital ha tenido sus grandes aciertos y tropiezos. La tarea que ahora hemos de asumir está en preparar y formar a nuestros docentes con todos los recursos existentes para que usen, de la mejor manera, los instrumentos tecnológicos que están a su alcance: Zoom, Google Duo, Hangout, Webex, Whastapp y Skype, actores secundarios de la comunicación en tiempos de COVID-19. Hemos de hacer un censo para saber si todos cuentan con computadora, correo electrónico, programas básicos de comunicación, etc., con el fin de asegurar la presencia y participación de todo el estudiantado y profesorado en la misión educativa. Como hemos podido constatar, el trabajo en casa empujó a nuestros docentes y administrativos a cumplir con sus tareas, pero el camino que falta por recorrer todavía es inmenso; habrá que fortalecer el home office con la solicitud de tareas claras, objetivos bien definidos y una buena capacitación de trabajo por proyectos. A lo dicho se suman dos horizontes que están marcando ya nuestro presente: la inteligencia artificial y la neurociencia, ambos campos de la tecnología y la ciencia serán esenciales para estar al día de otras variables que impulsan los procesos de enseñanza y aprendizaje de educadores y alumnos.

Como hemos podido ver por las noticias, en estos tiempos de COVID-19, cada gobierno en el mundo ha reaccionado de diferente forma para contener, frenar la curva de contagios o reducir el número de pacientes graves. Lo que en un país ayudó a detener los contagios pronto se hizo viral; los sentimientos de un pueblo aplaudiendo en las ventanas, cantando o llorando al escuchar las sirenas de las ambulancias que animaban a los enfermos y a los responsables de la salud en hospitales llegó a conmover el corazón del mundo. La llamada global del hastack #QuédateEnCasa expone la importancia de lo que significa hoy el saberse, sentirse y ser ciudadano del Mundo. Los docentes junto con el director académico y una comisión especializada en lo académico, sumarán a sus ya múltiples cuidados el énfasis que hemos de hacer del tema Ciudadanía Global. Con todas las implicaciones que conlleva, ésta será una tarea inaplazable a implementar en todo el currículo de nuestros alumnos. Los responsables de liderar el proceso de trasladar el currículo de una enseñanza presencial a la enseñanza online, de lograr que ambas experiencias educativas estén al día, independientemente de cualquier circunstancia que nos toque vivir; de programar virtualmente viajes culturales que fortalezcan los aprendizajes esperados en nuestros alumnos por las limitaciones de movilidad; así mismo, de causar que la experiencia del estudiante logre en estos tiempos de pandemia, como dice el P. General Arturo Sosa, S.J., que nuestros alumnos piensen y actúen de manera global, regional y localmente (JESEDU, Río 2017), está en las manos de la comisión académica creada ex profeso para mantener nuestra experiencia educativa actualizada y hacer que nuestra tradición se mantenga viva. Por otro lado, para los alumnos la enseñanza online ha sido fundamental en su formación en este período de confinamiento, pero es seguro que no todos alcanzaron los aprendizajes esperados por diferentes circunstancias, por ello la comisión académica del colegio pondrá toda su creatividad para generar un “Plan de apoyo a alumnos rezagados” (PAAR), con el deseo de garantizar programas emergentes para la puesta en marcha de estrategias y/o planes educativos que hagan la diferencia en la manera de acompañar a nuestros alumnos.

En cuanto a lo económico, sin ser un experto, todos sentimos ya la crisis que se avecina en gran parte del mundo. Estamos en tiempos de replantear nuestros presupuestos institucionales. No son épocas de gasto sino de ahorro en cada uno de los distintos rubros administrativos. De lo que se trata es de saber en qué debemos invertir, porque ello generará un plus en la manera de cómo estamos dando un servicio como institución, y en qué no debemos gastar, porque implicará poner en riesgo a las personas y misión de nuestras obras educativas. Para lo anterior, el equipo administrativo debe generar estrategias de corto, mediano y largo plazo que ayuden a las familias de nuestros alumnos, especialmente a las que sufrirán por falta de trabajo o salud; tendrán la labor de asegurar el seguir brindando una educación de calidad, implicando a todos los miembros de la comunidad docente, a partir de buenas relaciones laborales y condiciones óptimas de trabajo. El grupo que lidere estas nuevas estrategias administrativas, junto con la intuición y la experiencia, tendrá que tomar en cuenta datos e informaciones estadísticas para la toma de decisiones que ayuden y eviten poner en riego a la institución y, especialmente, el que por situaciones económicas se genere abandono escolar de alumnos.

En cuanto a los espacios físicos de nuestros colegios, conviene comenzar a prepararlos según la población de alumnos, docentes, padres de familia y prestadores de servicios. No debemos olvidar que mientras no se encuentre una vacuna el coronavirus estará entre nosotros, estará en el ambiente y ello nos obliga a reorganizar los salones de clases, los horarios de recreos, los movimientos de traslado, la sanitización de las áreas más concurridas de nuestras instituciones y, en lo posible, todos los espacios de nuestros colegios deberán permitir que el aire circule y corra entre las áreas que harán posible el sano distanciamiento.

A propósito de estas semanas de confinamiento, hemos pasado de períodos de convivencia familiar, trabajo en casa, sueño, descanso y lectura; pero también se han dado momentos de ansiedad, soledad, aburrimiento e insomnio. Con todo, parece que las cosas van funcionan bien, pero para asegurar un sano paso del confinamiento a la apertura no debemos dejar de lado un buen acompañamiento de los procesos psicoafectivos postcovid-19. Un eficaz acompañamiento de expertos en psicología, pedagogos y jesuitas, será un plus que nuestros colegios pueden ofrecer a la comunidad educativa para facilitar la adaptabilidad a la realidad con la que nos vamos a encontrar. De hecho, lo más real es que esta experiencia nos ha dejado marcados para siempre, y nunca volveremos a ser los mismos.

Finalmente, aunque no menos importante, cuando se nos permita volver a nuestros centros educativos lo que todos queremos es encontrarnos con los amigos, el grupo, la comunidad. Por ello, será importante ir preparando lo que ocurrirá en ese reencuentro, el cual tiene que ser diferente, no sólo por las normativas del distanciamiento social que seguirán vigentes, sino porque después de esta experiencia de encierro, quizás repetible en el futuro, tendremos que recuperar lo que hemos vivido. Habrá que buscar la manera de sentir la presencia de los otros, el apreciar y recuperar el entorno, el agradecer todos juntos a Dios. Este reencuentro nos deberá evocar, incitar y reclamar el comenzar a construir lo que ahora sabemos nos ayuda a ser mejores personas, seres más humanos, para el futuro. Sin duda, nuestro reencuentro tendrá que ser una gran fiesta que marque nuestra existencia.

En definitiva, cualquier cosa que hoy en día hagamos por la educación es tarea de todos. Aceptemos el reto con entusiasmo, creatividad y mucha responsabilidad. El diseñar la respuesta a la pregunta qué queremos para mejorar nuestra misión educativa a nuestro regreso a clases es fundamental para empezar a construirla. No cabe duda que esta crisis nos está evaluando, nuestras prioridades están siendo cuestionadas; y toda nuestra sociedad también ha sido puesta en una balanza; el después del COVID-19, ya empezó.

Dr. Saúl Cuautle Quechol, S.J.
Presidente de la Federación Latinoamericana
de Colegios de la Compañía de Jesús (FLACSI)
Mayo, 2020

 

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