Crónica del P. David Pantaleón, superior de la Compañía de Jesús en Cuba, sobre la realidad de la familia ignaciana en Cuba durante el mes de abril.

 

Abril nos arropó con todo esto de la pandemia. Todo lo programado se echó a un lado. Nos dispusimos a acompañar lo mejor posible a nuestra gente en las obras y comunidades. Lo primero fue asegurar que cada persona que trabaja con nosotros pudiera cuidarse en casa manteniendo su salario y su puesto de trabajo. En Reina fue donde se sintió más la ausencia de empleados y colaboradores por la cantidad de obras que convergen allí. Solo quedaron dos o tres empleados imprescindibles de la comunidad y el equipo administrativo que viene a resolver asuntos puntuales. El padre Carlos se pasó todo el mes en asuntos médicos. Casi todo el tiempo en el hospital Ameijeiras, recuperándose de una isquemia cerebral que le paralizó el brazo y la pierna derecha. También ha tenido problemas con la cadera izquierda y con la columna. Hace unos días ya está de nuevo en su habitación de Reina mejorando lentamente. Es posible que podamos hacerle llegar hasta RD en un viaje humanitario que se haría después del 10 de mayo para llevar a unos 25 médicos dominicanos, de los que hacen especialidad aquí. En este momento están en Reina Rovira, Yayo, Carlos, Machín y Osvaldo (Chocolate).

En Villa San José estamos Arregui, Román y yo. Osvaldo está destinado a esta comunidad pero ha tenido que trasladarse a Reina para acompañar a Carlos en su enfermedad. De todos los empleados, solo se ha quedado Julio el cocinero pasando la cuarentena con nosotros. El padre Iglesias estuvo con nosotros un par de semanas, pero no consiguió adaptarse. Ha regresado a su antigua comunidad de Reparto California con Jorge Cela y Eduardo Llorens. Allí se siente mejor, aunque cada vez más desmemoriado y frágil. El chef de esa comunidad es Llorens y han podido sobrevivir bien hasta ahora. Cela celebra con las hermanas de la casa de retiros en Juanelo. 

En Cienfuegos se ha unido Ramón a la comunidad de Luis Fernando, Ignacio y Ocaña. Ramón ha tenido que permanecer en aislamiento allá para acompañar la salud de su hermana que ha estado grave en varias ocasiones, pero que ha ido mejorando bastante. Una pequeña brigada continúa trabajando discretamente en la reparación del edificio de Montserrat. Hemos recibido una carta del obispo testimoniando que la compañía es la propietaria de ese edificio. Le habíamos solicitado varias veces este importante documento para nuestros archivos. En el templo se celebra la eucaristía diaria a las 7 y 30 am, después del toque de campanas para estar en comunión espiritual con toda la comunidad.

En Camagüey siguen bien David Sánchez, Pupo, Vicente y Angelito. Como en todas las comunidades han tenido que asumir en el día a día diferentes tareas: Pupo es el cocinero, David lavandería, Vicente fregar y limpiar. A la misa vienen solo las dos religiosas misioneras.

En Santiago continúan Domingo, Blas y Antonio. Un par de empleados les ayudan en el día a día. A la misa vienen las hermanas de Calcuta. Una vez a la semana va uno de los curas a celebrar con las sanchinas en su casa del Caney.

Diversas iniciativas de servicio por internet se ofrecen desde los centros Loyola para la formación y para aprovechar el tiempo de manera creativa. Se están promoviendo por ejemplo las pequeñas huertas familiares con instrucciones y experiencias compartidas. Se ha tratado de mantener la ayuda a los abuelitos especialmente con el tema de la alimentación y la salud. Desde la Oficina de Comunicación y Vida Cristiana ha estado abierta con más intensidad una ventana de información y formación muy seguida por la gente. Por aquí se han publicado las actividades religiosas más importantes de la Iglesia Cubana, las reflexiones de Vida Cristiana y otros muchos aportes diversos para ayudar a la comprensión de este momento tan desafiante que estamos viviendo todos.

La situación de la pandemia en Cuba se nos reporta bastante controlada en comparación con otros países de la región. Pero es preocupante el tema del abastecimiento, que supone un alto riesgo cotidiano por las aglomeraciones que provocan las largas filas del pollo, del pan, de los productos del agro y demás. A nuestras comunidades se acercan cada vez más personas pidiendo ayudas para cosas elementales. Una caricatura iraní que muestra a un padre de familia saliendo a la calle y nadando en un mar de virus para tratar de alcanzar un pedazo de pan describe bien este drama que crece en las calles del país entre el deseo de quedarse protegido en casa y la necesidad de salir a “resolver” el escurridizo pan de cada día.

Aunque los templos están vacíos se ha despertado una red de oración, formación y solidaridad que refleja una Iglesia con raíces en las casas y el corazón de su gente. La Iglesia de la “discreta caridad” que busca caminos de servicio sin convertirse ella misma en propagadora del virus.

Llegó mayo con la lluvia esperada y el silencio de la plaza en el día del obrero. Se anuncia como mes del repunte de los contagios y el comienzo de la bajada. Miramos hacia la Virgen buscando su solidaria ternura y su atrevida confianza en Dios.

P. David Pantaleón, SJ
2 de mayo del 2020