Durante tres días más de 30 jóvenes de ambos lados de la cordillera se reunieron en Zapala, provincia de Neuquen, Argentina, para compartir en torno a la espiritualidad y la lengua. El encuentro se llamó “Nuestra Lengua, Nuestra rogativa”. Frente a tanta amenaza que desarraiga a los jóvenes de su identidad como mapuche, existe un deseo profundo en ellos de volver a sus raíces y de resistir. Este encuentro quiso ser un espacio para compartir esas experiencias y deseos acompañados por hombres y mujeres mayores de las comunidades del Puelmapu (Argentina) y del Ngulumapu (Chile) quienes compartieron con ellos su kimun (sabiduría).

El encuentro tuvo cuatro momentos: presentación; diálogo sobre experiencias de nguillatun o llellipun (rogativa); taller de mapudungun (idioma mapuche) asociado a la rogativa; y chalitun (despedida). Todos llegaron con el deseo y entusiasmo de estar en este encuentro compartiendo experiencias y nuevos conocimientos de otros territorios y lov (comunidades).

Comenzaron en la noche del viernes 6 de abril. Se dieron el tiempo para presentarse y expresar "quien soy, de donde vengo y lo que siento al estar aquí". A pesar del cansancio de muchos, por el viaje largo, el sentimiento predominante era de entusiasmo y muchos deseos de estar en este encuentro compartiendo experiencias y nuevos conocimientos de otros territorios y lov (comunidades). Al final del día y antes de ir a descansar, se presentó la dinámica del encuentro por parte de quienes convocaban a este encuentro: la Red Jesuita de Pastoral y Solidaridad Indígena con apoyo de los jesuitas de Canadá y Pastoral Aborigen de Neuquen que hicieron de dueños de casa.

Al amanecer del sábado 7 se reunieron en el patio del colegio donde estaban. En torno al rewe (altar principal mapuche) hecho de dos ramas de maiten (árbol sagrado para los mapuche de ahí) y dos banderas de color azul y amarillo, la Pillan Kuse, mujer mayor que tiene la vocación de guiar la rogativa y transmitir sus conocimientos, los fue llevando junto a los mayores a ofrecer el día a Wenu Chaw Wenu Ñuke (Dios padre y madre). Para ello, varones y mujeres respectivamente fueron haciendo oración, todos juntos, ofreciendo yerba mate como don de Dios. Después de esta rogativa se fueron a desayunar. Durante la mañana y parte de la tarde trabajaron en grupos mezclados de jóvenes (de los dos territorios) y los mayores de ambos territorios en un solo grupo. Con un plenario donde se entró en diálogo con los mayores que fueron expresando su palabra a medida que los jóvenes iban compartiendo.

Las preguntas que orientaron el compartir fueron: ¿Qué celebraciones del Pueblo Mapuche conocemos? ¿Qué entendemos de ellas? ¿Qué dudas tenemos? Fue saliendo la experiencia de los jóvenes en sus ceremonias religiosas ancestrales. Reconocen como una experiencia profundamente religiosa donde se participa para pedir perdón, para dar gracias por la vida, las cosechas, los animales, para sanar a los enfermos. Se hacen con respeto, pidiendo fuerza espiritual, agradeciendo, pidiendo salud, unión, que es un compartir, estar en las buenas y en las malas, que son nuestros valores. Surgieron dudas y preguntas que los mayores fueron respondiendo con sabiduría.

Luego del almuerzo y durante toda la tarde tuvieron el taller de idioma en relación a las rogativas. Se reunieron en dos grupos por territorios, junto a los mayores. En un primer momento, los jóvenes compartieron palabras y frases que han escuchado decir en las rogativas. Se fueron dando cuenta que sabían más que lo que creían. Luego los mayores, que en el primer momento solo habían escuchado, fueron compartiendo lo que significaban esas palabras y frases. Se dio un compartir muy rico sobre la sabiduría detrás de esas palabras. Al terminar los jóvenes le preguntaron sobre alguna frase o palabras que se puedan aprender para hacer la rogativa. Aquí fue interesante el diálogo sobre el espíritu que anima la oración. Ella nace espontáneamente del corazón a partir de lo que se está viviendo y necesitando por parte de cada uno y sobre todo de la comunidad que se reúne a hacer la rogativa. Aprender una frase es solo para poder animarse a profundizar en el propio idioma y poder darle fuerza a la oración de cada uno. Ya se nos había ido el sábado y se fueron a dormir.

Al amanecer del domingo 8, hicieron llellipun (rogativa) guiados por los mayores del Ngulumapu. Cada uno con una hoja de vogue (árbol del canelo) traído desde el ngulumapu pudieron ofrecer la oración con muday (bebida tradicional a base de arvejas) traído desde el ngulumapu. Al final de la rogativa se dio espontáneamente un compartir de la palabras por parte de los mayores reforzando la necesidad de que la cultura (espiritualidad mapuche) no se pierda y que los jóvenes debía aprender. Todo se dio muy emotivamente reflejado en el abrazo largo entre uno de los mayores del ngulumapu y la pillan kuse.

Al final de la mañana, luego de expresar las últimas palabras a modo de evaluación y acompañados por la sabiduría de los mayores se pudo recoger los frutos del encuentro. Estos pocos días fueron abriendo el compartir en un dialogo entre jóvenes y mayores que con mayor entusiasmo iban reforzando su deseo de profundizar en su identidad como mapuche participando de las rogativas comunitarias en sus territorios y aprendiendo la lengua. Quedaron todos con tarea, unos de seguir transmitiendo sus conocimientos y otros de seguir profundizando en su identidad.

 

Fuente: CPAL Social