Al terminar la primera semana de la Asamblea General del Sínodo de los Obispos, sobre la sinodalidad en la Iglesia, presentamos el testimonio del P. Paul Béré, jesuita de Burkina Faso, que ha colaborado en la preparación del Sínodo como miembro de la comisión teológica. Participa en el Sínodo en calidad de experto o perito.

Paul Béré, SJ.

El proceso sinodal que comenzó el 10 de octubre de 2021 y durará tres años (2021-2024) muestra, a juzgar por lo que viene sucediendo desde el 4 de octubre de 2023, que no existe un camino del todo previsible. “He aquí que hago nuevas todas las cosas”, dice el Señor (Ap 21,5). Después de haber participado en varios sínodos, creo que el actual está ofreciendo un estilo verdaderamente nuevo. Algunos de mis colegas teólogos no dejan de decir que estamos viviendo el clima que animó el Concilio Vaticano II. Probablemente lo que estamos viviendo es el proceso de recepción del Vaticano II.

Como ilustración de este nuevo estilo, la procesión de la Misa de apertura, desde la puerta de bronce, atravesó buena parte de la plaza San Pedro. La solemnidad del acto quedaba realzada por la gran afluencia de fieles, sin duda porque caía en miércoles, día habitualmente reservado a las audiencias del Papa. Aparte de eso, la disposición de los participantes en el Aula Pablo VI, en torno a mesas circulares en las que obispos, laicos (hombres y mujeres), sacerdotes y religiosos se sientan frente a frente, crea una atmósfera de comunión fraterna. El propio Papa, junto con sus colaboradores, participa en las sesiones plenarias como todo el mundo. ¡Y es accesible a todos y todas!

A un nivel más profundo, me sorprende la fecundidad de la conversación espiritual como método de acompañamiento de las sesiones de la asamblea sinodal. Se percibe un clima de paz. Los participantes están contentos de hablar entre ellos, de escucharse, de aceptarse en su enorme diversidad, porque aquí convergen los horizontes del todo mundo. ¿Se deberá esto al tema del primer módulo, que consiste en releer la experiencia anterior de la sinodalidad a nivel de las iglesias locales y a nivel continental? Sea lo que sea, esta alegría y este entusiasmo demuestran que el Espíritu Santo está actuando. Como teólogo, yo siento que estamos ante un estilo que invita a la conversión en nuestra manera de enfocar los problemas, e incluso de hacer teología. En este sentido, diría que, para los y las que no lo veníamos haciendo, estamos renovando nuestro compromiso con una teología que escucha los sentimientos del pueblo de Dios.

A medida que avanzamos, es imposible no preguntarse si esto es un sínodo de obispos o una asamblea sinodal. Ciertamente, estamos ante una experiencia que inaugura una nueva forma de “ser Iglesia”, que requerirá un nuevo marco canónico. ¡Los resultados de estas jornadas y de la asamblea de 2024 nos lo dirán! Ahora, a continuar...

 

Por Paul Béré, SJ

Con información de jesuits.global