NOVIEMBRE 2018: Desplazados: un grito de humanidad

Publicado: Jueves, 01 Noviembre 2018
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 Gustavo Calderón, S.J. Provincial de Ecuador

 

Es desplazamiento forzado. Nos muestra la cruel realidad a la que miles de personas están obligadas en el mundo entero. No dudemos en calificar apropiadamente la situación. Salen porque no tienen otra opción ante las guerras, los conflictos, la persecución, la violencia e inseguridad alimentaria a la que están sometidos. Sus hogares, sus lugares de trabajo no brindan más un ambiente para la vida, para el sano crecimiento de sus hijos.

 

Cada marcha de los desplazados forzados es un grito. Cada hombre, cada mujer en el camino, cada familia es clamor de humanización para un mundo herido. El último informe de ACNUR refiere que hay 68,5 millones de personas desplazadas por la fuerza a finales del 2017. El número de refugiados que ha huido de sus países para escapar a los conflictos asciende a 25,4 millones de los 68,5 millones de personas desplazadas. Esta cifra supone un incremento de 2,9 millones respecto al 2016 y el mayor aumento registrado jamás por ACNUR en un solo año. Las cifras son alarmantes.

 

Michael Czerny S.J. en Lampedusa hace unos meses reiteró como prioridad absoluta de la Iglesia el afrontar el fenómeno de movilidad humana. Insistió en que es necesario contribuir a leer los desplazamientos como “signo de los tiempos”, y esforzarnos por formular respuestas pastorales eficaces y adecuadas. Recordó que el Papa Francisco favorece la cultura del encuentro remarcando la centralidad de la persona humana, y nos invita con cuatro verbos – acoger, proteger, promover e integrar – a un compromiso irrestricto por el desarrollo humano integral. En este escenario, no se puede hacer oídos sordos al grito, lo primero es salvar la vida de quienes marchan. Ni el Mediterráneo, ni los desiertos, ni nuestras fronteras latinoamericanas son cementerios.

José García Paredes, sostiene que la indignación surge cuando uno toma conciencia de su dignidad y constata cómo esa dignidad es pisoteada, despreciada, dejada de lado. Indignarse es una auténtica reacción ética. Es una señal de alarma que indica la inhumanidad de algo que está aconteciendo. Sin duda, este es un primer paso como respuesta. Tres mil hondureños salieron hacia el norte. En el camino se han convertido en más de seis mil. Indignados ante la situación de vida en sus pueblos han decidido buscar otras oportunidades. Pero también hemos visto, cómo otro grupo de indignados marcha hacia Tegucigalpa, en solidaridad y denuncia ante la incapacidad de un gobierno para brindar condiciones de vida para su pueblo. Nicaragua se sigue desangrando. Los jóvenes han liderado los reclamos por tanta injusticia. Se han perdido vidas, y son muchos los encarcelados. Centroamérica denuncia con dolor.

En Ecuador, especialmente a partir del año 2000, hemos acogido a miles de colombianos que cruzaron la frontera para encontrar espacios seguros donde vivir. La frontera norte se convirtió con el tiempo en mina codiciada del narcotráfico. El flujo de personas no ha terminado. Además, nuestros hermanos y hermanas venezolanas llegan diariamente, unos para quedarse, otros en tránsito hacia el sur. Hemos llegado a picos de 6000 por día cruzando la frontera. En la actualidad es de 2000. Se calcula 250,000 venezolanos en el país. Pocos con status legal reconocido.

 

JRS Ecuador ha respondido ante este gigantesco desafío. Para ello hemos organizado albergues en el sur de Quito. Apoyamos las Escuelas de Ciudadanía y Derechos Humanos que es una propuesta de acompañamiento formativo y de fortalecimiento de saberes, experiencias y capacidades para el empoderamiento de la población desplazada en condiciones forzadas y en necesidad de protección internacional. Lideramos desde la Red Clamor conformada por otras entidades de Iglesia y civiles, las acciones de acogida, protección e integración de nuestros hermanos desplazados. Atendemos en tres lugares de frontera las situaciones diarias que se presentan. En coordinación con la Pontificia Universidad Católica, JRS Ecuador acompaña familias desde los consultorios jurídicos gratuitos, el centro de psicología aplicada, o las capacitaciones en emprendimientos productivos. Además, hemos acogido familias en nuestros centros educativos de Fe y Alegría, y el CMT. Junto con Hogar de Cristo en Guayaquil hemos dado alojamiento temporal a cerca de 7000 mil personas que han pasado desde mayo.

 

Ante el grito de los desplazados forzados, como Compañía de Jesús, renovamos nuestro compromiso de luchar contra un sistema consumista que produce cada vez más empobrecidos. Buscamos soluciones duraderas. Es necesario ir a las causas de los conflictos. Miramos el futuro con esperanza. Sabemos que la solidaridad es respuesta legítima, pero hay que ir más allá, generando procesos de reconciliación profundos.  

Estamos hoy llamados a acompañar y servir a los migrantes en sus tránsitos, compartiendo el pan con ellos, haciendo de sus padecimientos y luchas las nuestras, al tiempo que trabajamos por transformar un sistema que esquilma los recursos naturales de los pobres, refuerza regímenes autoritarios y alimenta conflictos bélicos, para luego cerrar fronteras y ojos ante los millones de personas que llaman a nuestras puertas a consecuencia de todo ello.   Arturo Sosa, S.J. , Prepósito General

 

Gustavo Calderón, S.J.

Provincial Ecuador

 

 

 

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