Mayo 2018: Una historia de gratitud y compromiso

Publicado el martes 1 de mayo a las 03:00
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En Perú estamos celebrando los 450 años de la llegada de los jesuitas a estas tierras. El 28 de marzo de 1568, llegaban al puerto del Callao los seis primeros jesuitas liderados por el P. Jerónimo Ruiz del Portillo. El 1 de abril llegaron a Lima, siendo acogidos por los Padres Dominicos; al poco tiempo tomaron posesión de una propiedad donada por el gobierno de Lima y un grupo de ilustres personajes de la época, en el actual terreno ocupado por la Iglesia San Pedro, el Banco Central de Reserva y la Biblioteca Nacional, en el centro de la Ciudad de Lima.

En la actualidad, la Compañía en el Perú sigue impulsando el servicio de la fe y la promoción de la justicia, a favor de la reconciliación, desarrollando nuevas iniciativas apostólicas en fidelidad creativa a una larga y rica tradición.

La misión evangelizadora de los pueblos Awajún y Wampis, en la Amazonía del Alto Marañón, y de las comunidades andinas quechuas, en la Provincia de Quispicanchi, Cusco, son una muestra de ese esfuerzo. En dichos lugares, la Compañía sigue promoviendo el conocimiento de las lenguas originarias y su enseñanza en las escuelas públicas. Al mismo tiempo, se cultiva el respeto y reconocimiento de la sabiduría ancestral, en medio de los enormes desafíos que significa la penetración de la modernidad y de los grandes capitales que buscan explotar los recursos naturales. Para hacer frente a estas amenazas, seguimos apostando por la educación intercultural y bilingüe, haciendo de ella un medio importante para fortalecer la propia identidad cultural, en diálogo con la diversidad. Como decía el Papa Francisco a los pueblos amazónicos en Puerto Maldonado: “la única manera de que las culturas no se pierdan es que se mantengan en dinamismo, en constante movimiento”.

El apostolado educativo también sigue renovándose y actualizándose. La red de colegios e instituciones educativas de Fe y Alegría, así como los Centros Sociales o de Educación Popular, destinados a servir a la población campesina y urbano-emergente, son un ejemplo de ello. A través de estas instituciones, la Compañía sigue enfatizando su compromiso con los más necesitados y promoviendo una mayor conciencia de su dignidad y de sus derechos como personas y como ciudadanos. Por su parte, los colegios tradicionales de la Compañía se han abierto a la realidad de injusticia y desigualdad que aún persiste en el país. Para ello, desarrollan programas y experiencias que permiten a los estudiantes tomar conciencia de esta realidad y reflexionar sobre sus causas y posibles caminos de transformación.

En este año de aniversario, enfrentamos en el país el enorme desafío de la lucha contra la corrupción. El escándalo de Odebrecht ha salpicado sobre la mayor parte de la clase política y un buen sector de los empresarios. Todos los ex presidentes, desde el año 2001, están siendo investigados, algunos están detenidos o con orden de detención. También hay gobernadores regionales y alcaldes municipales encarcelados o investigados por diversos delitos de corrupción.

Ante este desafío, la Compañía sigue apostando por una educación ética y ciudadana, así como por el fortalecimiento de la participación ciudadana en diversas instancias del estado. La Universidad Antonio Ruiz de Montoya viene participando en mesas de lucha contra la corrupción y promoviendo iniciativas de incidencia política. Asimismo, desarrolla cursos y programas de ética pública con funcionarios y profesionales de diversas instituciones, en Lima y en otras ciudades del país. A través del área de formación continua, ofrece diversos cursos y conferencias sobre temas éticos, ambientales y de interculturalidad con el objeto de fortalecer la conciencia ciudadana y de generar una opinión pública mejor informada.

Finalmente, en el último año ha crecido tremendamente la inmigración venezolana. Según datos de ACNUR, en el Perú hay 240 mil venezolanos distribuidos en muchas ciudades del país, y el número sigue creciendo. El gobierno ha dado algunas facilidades de residencia y trabajo, pero el país no tiene mucha capacidad para absorber una masa grande de inmigrantes. En medio de esa urgencia, la Compañía en el Perú viene trabajando en alianza con ACNUR para ofrecer asistencia legal a través de tres oficinas ubicadas en las fronteras de Tacna y Tumbes, y en Lima. También la Conferencia de Religiosas y religiosos del Perú está coordinando esfuerzos para ayudar a los inmigrantes venezolanos. La Universidad Ruiz de Montoya, por su parte, está ofreciendo investigaciones relevantes sobre la inmigración, sus alcances y necesidades.

De este modo, la Compañía de Jesús en el Perú, a través de sus diversos ministerios y obras apostólicas, sigue intentado llevar adelante su misión apostólica en fidelidad creativa a su propia historia y carisma.

 

Juan Carlos Morante, SJ – Provincial de Perú

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