Amazônia querida

Publicado: Domingo, 31 Mayo 2020
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Que momento tão forte e histórico estamos vivendo! A pandemia da Covid-19 continua sendo um grande desafio e enfoque na América Latina e no mundo. Ela segue ameaçando a vida humana e modificando os nossos estilos de vida. A Carta Encíclica “Laudato Si´” do Papa Francisco completou cinco anos e este aniversário tem estimulado muitos muitos debates, “lives” e conferências. Estamos caminhando no tempo de pós-Sínodo para a Amazônia, com o desejo de colocar em prática seus frutos, iluminados pelo Documento Final do Sínodo e pela Exortação Apostólica Pós-Sinodal “Querida Amazônia”. Também, como Companhia de Jesus, recebemos instrumentos importantes como as Preferências Apostólicas Universais (19/02/2019) e a recente carta do P. Geral, Arturo Sosa, sobre “O ‘cuidado’ (cura) no governo da vida-missão da Companhia de Jesus nesta mudança de época”.

Quero destacar três pontos sobre este contexto atual desde a perspectiva amazônica. Primeiro, somos chamados a cultivar uma cultura do cuidado. Todos os eventos, acontecimentos e documentos citados acima apontam para uma postura de ´cuidado´dos seres humanos, especialmente os povos indígenas, quilombolas e migrantes, e da Casa Comum. A nossa sociedade tem uma forte tendência a favorecer o modo de ser-no-mundo do trabalho caraterizado pela ´intervenção´. O outro modo de ser-no-mundo se realiza pelo cuidado, caraterizado pela ‘interação’. Cuidar é mais que um simples ato; é uma atitude e uma postura. Representa uma atitude de ocupação, preocupação, de responsabilidade e de envolvimento afetivo com o outro e com a Criação.  O cuidado deve estar presente em tudo. Dar atenção à centralidade do cuidado não significa deixar de trabalhar e de intervir no mundo. Significa organizar o trabalho em sintonia com a natureza, seus ritmos, seus ciclos e suas indicações. Significa respeitar a comunhão que todas as coisas disfrutam entre si e conosco. Significa colocar o interesse coletivo da sociedade, da comunidade biótica e terrenal acima dos interesses exclusivamente humanos.

O segundo ponto é a necessidade da mudança do paradigma antropocêntrico para um paradigma ecocêntrico. Em termos da vida cotidiana, o modelo antropocêntrico significa que o ser humano se torna o centro de tudo. A tendência é pensar no universo como uma coleção de objetos e não como uma comunhão de sujeitos. Isso significa que o mais importante é acumular grandes quantidades de meios de vida - riqueza material, bens e serviços - para desfrutar de nossa curta jornada neste planeta.  O Papa Francisco aponta para as consequências dolorosas deste paradigma. “...Entre os pobres mais abandonados e maltratados, conta-se a nossa terra oprimida e devastada, que está ‘gemendo como que em dores de parto’ (Rm 8,22). Esquecemo-nos de que nós mesmos somos terra (cf. Gn 2,7). O nosso corpo é constituído pelos elementos do planeta...” (LS 2). O novo paradigma do ecocentrismo se recusa a reduzir a Terra a uma variedade de recursos naturais ou a um reservatório físico e químico de matérias-primas. A Terra tem sua própria identidade e autonomia como um organismo extremamente dinâmico e complexo. Em um nível profundo, agora pode ser vista como a Grande Mãe que nos nutre e nos sustenta.

O terceiro ponto é um chamado a vivenciar uma espiritualidade de intimidade santa e saudavel em relação à Casa Comum. Santa por causa de uma dimensão espiritualmente pura que cultiva uma postura de amor e carinho; e saudável porque promove um bem-estar mental e espiritual. Encontramos esse tipo de intimidade nas parábolas de Jesus: o Bom Samaritano e o Bom Pastor. A crise ecológica nos chama a recuperar esse sentimento de intimidade santa e saudável com a natureza do qual, talvez, a vida na cidade tenha nos afastado ao longo dos anos. Nossas cidades são frequentemente selvas de concreto e aço, rodas e fios, um mundo de trabalho sem fim. Raramente vemos as estrelas à noite, os planetas ou a lua. Mesmo durante o dia, não experimentamos o sol de maneira imediata ou significativa. A intimidade com o planeta em sua maravilha e beleza e a profundidade total de seu significado é o que permite que um relacionamento humano integral com o planeta floresça.

Pedimos a graça para que os nossos olhos estejam fixos e focados em Jesus que é o mesmo ontem, hoje e sempre. Encerrando o ciclo pascal aprofundemos o mistério da vida, paixão e ressurreição do Senhor.  Coloquemos em suas mãos os nossos desafios e dificuldades atuais, para que Ele os ilumine através do Espírito. Com a gratidão e a confiança que geram esperança, avancemos mais conectados e interligados no cuidado de nossos irmãos e irmãs, da Casa Comum e da nossa Amazônia querida!

 

David Romero Bravo, S.J.

Superior Preferência Apostólica Amazônica, Província do Brasil

 

 

 

Amazonia querida

¡Qué momento tan fuerte e histórico estamos viviendo! La pandemia del Covid-19 sigue siendo un gran desafío en América Latina y el mundo. Continúa amenazando la vida humana y modifica nuestros estilos de vida. La Carta Encíclica "Laudato Si" del Papa Francisco completó cinco años y este aniversario ha estimulado muchos debates y conferencias. Estamos recorriendo el tiempo post sinodal con el deseo de poner sus conclusiones en práctica, iluminados por el Documento Final del Sínodo y por la Exhortación Apostólica Post-sinodal "Querida Amazonia". Además, como Compañía de Jesús, recibimos orientaciones importantes en las Preferencias Apostólicas Universales (20/02/2019) y en la reciente carta del P. General Arturo Sosa, sobre “el 'cuidado' (cura) en el gobierno de la vida - misión de la Compañía en este cambio de tiempo".

Quiero destacar tres puntos del contexto actual desde la perspectiva amazónica. Primero, el que estamos llamados a encarnar una cultura del cuidado. Todos los eventos, acontecimientos y documentos mencionados anteriormente apuntan a una postura de ‘cuidado’ para los seres humanos, especialmente los pueblos indígenas, negros y migrantes, y de la Casa Común. Nuestra sociedad actual tiene una fuerte tendencia a favorecer una forma de ser en el mundo del trabajo caracterizada por la ‘intervención’; la otra forma de ser en el mundo se logra a través de la atención y es caracterizada por la ‘interacción’. Cuidar es más que una simple acción; es una actitud y una postura. Representa una actitud de ocupación, preocupación, participación y responsabilidad afectiva con los demás y con la Creación. El cuidado debe estar presente en todo. Darle atención a la centralidad del cuidado no significa dejar de trabajar e intervenir en el mundo. Significa organizar el trabajo en armonía con la naturaleza, sus ritmos, ciclos e indicaciones. Significa respetar la comunión que todas las cosas disfrutan entre sí y con nosotros. Significa colocar el interés colectivo, la comunidad biótica y terrenal por encima de los exclusivos intereses del ser humano.

El segundo punto es la necesidad de cambiar el paradigma antropocéntrico a un paradigma ecocéntrico. En términos de la vida cotidiana, el modelo antropocéntrico significa que el ser humano se hace el centro de todo. La tendencia es pensar en el universo como una colección de objetos y no como una comunión de sujetos. Esto significa que lo más importante es acumular grandes cantidades de medios de subsistencia (riqueza material, bienes y servicios) para disfrutar de nuestro corto viaje en este planeta. El Papa Francisco señala las dolorosas consecuencias de este paradigma: “... entre los más pobres abandonados y maltratados, está nuestra tierra oprimida y devastada, que está 'gimiendo como si tuviera dolores de parto' (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro cuerpo está formado por los elementos del planeta... ”(LS 2). El nuevo paradigma del ecocentrismo se niega a reducir la Tierra a una multiplicidad de recursos naturales o a un depósito físico y químico de materias primas. La Tierra tiene su propia identidad y autonomía como organismo extremadamente dinámico y complejo. En un nivel profundo, ahora se puede ver como la Gran Madre que nos alimenta y nos sostiene.

El tercer punto es un llamado a experimentar una espiritualidad de intimidad sagrada y saludable en relación con la Casa Común. Santa debido a una dimensión espiritualmente pura que cultiva una postura de amor y afecto, y saludable porque promueve el bienestar mental y espiritual. Encontramos este tipo de intimidad en las parábolas de Jesús: el buen samaritano y el buen pastor. La crisis ecológica nos llama a recuperar ese sentimiento de intimidad sagrada y saludable con la naturaleza que tal vez la vida en la ciudad nos ha impedido a lo largo de los años. Nuestras ciudades son, a menudo, selvas de hormigón y acero, ruedas y cables, un mundo de trabajo sin fin. Raramente vemos las estrellas de noche, los planetas o la luna. Incluso muchas veces durante el día no experimentamos el sol de manera inmediata o significativa. La intimidad con el planeta en su maravilla y belleza, y la profundidad total de su significado es lo que permite que florezca una relación humana integral con el planeta.

Pedimos gracia para que nuestros ojos estén fijos y enfocados en Jesús, El mismo ayer, hoy y siempre. Cerrando el ciclo pascual profundicemos el misterio de la vida, la pasión y la resurrección del Señor. Pongamos en sus manos los desafíos y dificultades de la actualidad, para que Él les ilumine a través del Espíritu. Con la gratitud y la confianza que generan esperanza, ¡avancemos más conectados e interdependientes en el cuidado de nuestros hermanos y hermanas, de la Casa Común y de nuestra amada Amazonía!

David Romero Bravo, S.J.

Superior Preferencia Apostólica Amazónica, Provincia del Brasil

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