Con rostro y corazón amazónicos

Publicado: Viernes, 01 Noviembre 2019
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“Jesús no ha venido a traer la brisa de la tarde, sino el fuego sobre la tierra”

(Homilía inaugural Sínodo Amazónico, Papa Francisco) 

El domingo 27 de octubre pasado terminó el Sínodo especial para la Amazonia. Fueron tres semanas intensas de diálogo abierto, en un clima de fraternidad y de profunda responsabilidad con la vida de la Iglesia a partir de las necesidades concretas del territorio amazónico. Tanto en el aula del encuentro sinodal como en los grupos menores se expresaron con toda libertad posiciones que en ocasiones eran discordantes; raramente antagónicas. El texto final, con 120 numerales, es el fruto que refleja bien (en un lenguaje propio del vaticano) todos los asuntos tratados.

Sin embargo, lo más importante del sínodo, si bien está reflejado en él, no es el texto. El sínodo comenzó en enero de 2018 en Puerto Maldonado y el proceso de consultas y escuchas fue tan rico y positivo (en contenidos y encuentros) que, para muchos, aún antes de la reunión de la asamblea, el sínodo había ya dado frutos abundantes. Esa bendita experiencia de sinodalidad de base será repetida y multiplicada ahora al concluir el encuentro, y sobre todo después de que el papa Francisco haga su exhortación; de manera que las bendiciones serán triples. Por otro lado, la riqueza de la discusión en el aula y los grupos menores, y el encuentro de tantos y tantas personas - la mayoría de ellas - actuantes en la región amazónica, acompañados siempre por la escucha atenta y la inspiración del papa Francisco son de una riqueza incalculable.  

El papa Francisco insistió sabiamente en su intervención final en el aula, en la necesidad de no fijarse (quedarse) en las cosas disciplinares (eclesiásticas, las llamó) del texto, sino en la urgencia de hacer una discusión de los argumentos allí contenidos porque son ellos los que pueden mover la razón y el corazón a verdaderos procesos de conversión (pastoral, ecológica, cultural y eclesial / sinodal). En ello consiste, también la dimensión universal (católica) de este sínodo porque, tratándose de la casa común: “si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera” (Lucas 13,1-9). 

Hay que decir también que la asamblea sinodal no habría sido tan buena si no fuera por otros dos protagonistas importantes: uno dentro y otro fuera. El primero fue la presencia de 55 auditores, hombres y mujeres, religiosas y laicos que con mucha valentía, lucidez y pertinencia tomaron la palabra para expresar sus puntos de vista, especialmente sobre la participación y reconocimiento del rol de las mujeres en la Iglesia, sobre la urgencia de abandonar el clericalismo generalizado, y sobre la necesidad de que la Iglesia sea en verdad una aliada de las causas de los pobres, particularmente de los pueblos indígenas. El actor externo al que me refiero fue una multitud de personas venidas a Roma para animar diversas actividades sobre la Amazonia (conferencias, diálogos, celebraciones, exposiciones, procesiones, etc.) y que hicieron que el mundo todo se enterara de primera mano del fuego que arde en las entrañas de la Amazonia. Nuestro agradecimiento a todos y a todas ellas porque hicieron real lo que el papa expresó en el epígrafe de este artículo. El Equipo Itinerante de los Jesuitas de la Amazonia jugó un papel importante alimentando la sinodalidad.

 

Fue una bendición poder participar en la asamblea sinodal; éramos 18 jesuitas, 11 latinoamericanos, y una gran cantidad de participantes laicos y religiosos con los que somos colaboradores en la Missio Dei. Algunos nos encontramos varias veces en la curia general durante el tiempo del sínodo para celebrar la eucaristía y orar juntos, así como para pensar caminos abiertos para seguir transitando en-red-dados, en discernimiento y colaboración.

Un lugar especial en todas nuestras deliberaciones y encuentros tuvieron durante las semanas pasadas los pueblos de Honduras, Ecuador, Haití, Chile, Venezuela y Bolivia, particularmente. La compleja situación sociopolítica de toda América Latina y El Caribe reclama de todos nosotros, como lo hace el sínodo, una verdadera conversión social, política - sinodal, ecológica, cultural y pastoral impostergables. Conversión individual - personal, comunitaria e institucional. Las macabras imágenes de la destrucción de la vida en la Amazonia son una señal clara de que hay no sólo un malestar social sino un cáncer que corroe las entrañas del edificio social al que nos hemos acostumbrado; ahora más que nunca es actual nuestra misión de reconciliación en la justicia.

 

ROBERTO JARAMILLO BERNAL, S.J.

Presidente de la CPAL.

 

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