Lógica de un poder que se convierte en servicio (Marcos 10, 35-45)

Publicado: Domingo, 21 Octubre 2018
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En la semana 29 del Tiempo Ordinario la Liturgia nos invita a transformar todo aquello que se traduce en mal uso del poder y convertirlo en capacidad y práctica del servicio.

La semana pasada el evangelista Marcos (10,17-30) nos invitó a vivir desde la lógica de un amor sin barreras ni fronteras que supera la atadura de las posesiones y que lanza a la solidaridad. Y esta semana (10,35-40) nos propone que el poder se viva y se ejerza como capacidad de servicio.

El relato evangélico comienza con la petición de puestos o poder que hacen en privado los hijos de Zebedeo. Una solicitud que Jesús aprovecha para trastocar aquella concepción del poder que se basa en el dominio y control de las personas. Porque para Jesús el poder será beneficioso si se basa en la lógica del servicio: “el que quiera ser grande que sea servidor” y “el que quiera ser el primero que sea el esclavo de todos”.

Jesús dirá: “los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños y los poderosos las oprimen”. Y es que debemos estar muy atentos a los dinamismos que se generan en torno al poder, porque el poder, cualquier tipo de poder, corre el riesgo de apoderarse de lo gobernado y termina por controlar y manipular a las personas.

La búsqueda del poder tiene el peligro de generar una dinámica perversa que se manifiesta en múltiples formas evidentes y sutiles de dominio, rivalidades, chantajes, fraudes, zancadillas, intrigas, adulación, traiciones y hasta torcimiento de la verdad. Por esta razón, Jesús nos dirá sin rodeos: “que no sea así entre ustedes”.

Para que el poder se convierta en servicio hará falta eliminar toda posibilidad de instrumentalizar a las personas, evitar adueñarse o apoderarse de nada ni de nadie y tener como principal interés el bien de los demás. Así podrá ser un poder-servicio que transforma todo tipo de injusticia, miseria, mentira y maldad. Un poder-servicio que transmite y construye vida.

Cuando Jesús plantea “no será así entre ustedes”, quiere decirnos: sean servidores y no los dueños ni los que mandan, abandonen todo ejercicio del poder que deshumanice, apague la vida, asfixie iniciativas o mate esperanzas. Hagan que el poder se convierta en fuente de vida y resolución de pro­blemas.

Quien quiera ser el primero o tener legítimo poder que construya relaciones de iguales a todo nivel y en toda circunstancia, se atreva a dar de sí mismo, de lo que es o de lo que tiene o puede, viva con paz las diferencias, respete y valore a los que piensan distinto, trate con misericordia las dificultades que aparezcan en la convivencia o trabajo, se alegre con los éxitos ajenos, se solidarice con quien padece dificultades o dolencias y transforme el mal a fuerza de bien. Solo así se convertirá en un servidor.

Por: P. Gustavo Albarrán S.J.

Cambiar Poder por Servicio

Cambiar poder por servicio es renunciar a quedarse todo para sí mismo. Provoca desprendimiento.

Cambiar poder por servicio hace captar los gozos y las penas de los demás. Habilita la escucha.

Cambiar poder por servicio coloca en un nivel inferior del que está el otro. Fortalece la humildad.

Cambiar poder por servicio permite hallar el modo de vivir a gusto. Consolida la alegría.

Cambiar poder por servicio permite estar atento a todos y en beneficio de todos. Libera el amor.

Cambiar poder por servicio logra evitar todo tipo de dominio. Construye fraternidad.

Cambiar poder por servicio es dialogar tú a tú, sin reservas, sin miedo. Crea confianza.

Cambiar poder por servicio engrandece al pequeño, fortalece al débil. Limpia el pasado y presente.

Cambiar poder por servicio elimina la obsesión de tener, de saber y poder. Transforma lo humano.

Cambiar poder por servicio da prioridad a la persona y no a la estructura. Hace cristianos.

Cambiar poder por servicio deja en la intemperie toda seguridad. Da libertad.

Cambiar poder por servicio engendra familia, hace comunidad, despliega misión. Provoca vida.  

Cambiar poder por servicio hace creíble nuestra vida y el reino que predicamos. Siembra Evangelio.

(Cf. GA)

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