Lógica de un amor sin barreras ni fronteras (Marcos 10, 17-30)

Publicado: Domingo, 14 Octubre 2018
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Para esta semana 28 del Tiempo Ordinario la Liturgia nos invita a buscar en lo más profundo de nosotros mismos la sinceridad y generosidad con las que contamos para seguir al Señor.

El evangelio (Mc. 10, 17-30) de esta semana nos sorprende al presentarnos a un hombre urgido por encontrarse con Jesús para preguntarle: ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna? Y el Señor le responde: no mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no cometas fraude, honra a tu padre y a tu madre.

Estos mandamientos que cita Jesús pueden ser considerados como “mandamientos de la convivencia humana”. Y es que, al cuidar y defender la vida y dignidad de los demás, al valorar la integridad y felicidad del otro, al vivir de lo propio y no de lo ajeno, al no actuar con mentira ni fraude y al honrar padre y madre, se dice un Sí a la Vida. Nos convertimos en hacedores de bien.

La pregunta sobre lo que debo hacer para alcanzar la vida eterna, guarda estrecha relación con muchas otras preguntas que aparecen en nuestra vida: ¿Qué hacer para lograr la felicidad? ¿Qué voy a hacer con mi vida? ¿Cómo alcanzar la justicia y la paz? ¿Qué hacer para que mi familia…?

Cuando nos atrevemos a preguntar por los asuntos importantes de nuestra vida, puede que nos asusten los retos y exigencias que tales preguntas suponen. Pero si tenemos aunque sea un poco de generosidad y libertad, seremos capaces de transformar todos nuestros miedos en apuesta, en riesgo, en aventura, en gozo.

Lo básico para alcanzar la vida eterna consiste en una actuación de respeto, valoración, promoción y defensa de la vida de la persona y de toda persona. Pero, para quienes descubren dentro de sí mismos aquella insatisfacción que no se conforma con el cumplimiento de lo necesario o lo básico, hará falta algo más: hará falta una mayor dedicación, un amor mayor. 

A quien no le baste una actuación de lo básico y necesario, Jesús le invita a orientar su vida desde una lógica nueva: la lógica de un amor sin barreras ni fronteras. Y para ello, lo primero es no vivir atado a sus posesiones; lo segundo es ser solidario, especialmente con los pobres, los que sufren y los enfermos; y por último, donarse totalmente en el seguimiento a Jesús.

Si se vive aferrado a lo que se tiene y a lo que se es, difícilmente se podrá experimentar la alegría y felicidad que produce la libertad de las ataduras. Para lograrlo hace falta generosidad, audacia y hasta cierto toque de locura, que permitan hacer caminos que conduzcan a un amor sin barreras ni fronteras.

El evangelio presenta a un hombre entristecido y apesadumbrado después de oír la propuesta tan audaz y tan retadora del Señor. Llevará siempre el recuerdo de aquella mirada tierna y cariñosa que Jesús fijó sobre él. Y eso le confortará en la vida, pero vivirá siempre con la nostalgia de que pudo y no se atrevió a realizar a plenitud la búsqueda de su corazón.

Dios no se deja ganar en generosidad. Quien haya dejado algo por seguir a Jesús no quedará defraudado. Su recompensa es del ciento por uno, incluyendo persecuciones. Esta es su promesa. Si se apuesta en Dios con toda el alma, si en Él se pone toda la confianza, nada resultará imposible. Para Dios todo es posible.

Por : P. Gustavo Albarrán S.J.

Liberado Para Liberar

Ayúdame, Señor, a descubrir por dentro, la fuerza que cambia derrotas, que transforma los fracasos y me lanza a vivir sin miedo.

Ayúdame a seguir adelante y no volver hacia atrás, sabiendo comenzar cada día atento, confiado y dispuesto a un amor que va más allá.

Derriba Tú las grandes piedras de este muro, rompe ya mi caparazón. Que quede libre de cercos, amarras y barreras que atrapan mi corazón.

Dame un corazón libre, limpio y dispuesto para servir y amar; son la fuerza y la energía necesarias para llegar al puente que necesito pasar.

(Cf. Salmos – España)

 

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