Tolerantes, incluyentes y benevolentes para generar fraternidad, sanación mutua y comunión [ Marcos 9,38-43.45.47-48 ]

Publicado: Domingo, 30 Septiembre 2018
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Estamos en la semana 26 del Tiempo Ordinario y la Liturgia nos invita a profundizar en el discernimiento para que nuestras actuaciones estén en sintonía con la vida de las personas y con todo lo que produce fraternidad, sanación mutua y comunión.

El Evangelio que reflexionamos esta semana (Marcos 9,38-43.45.47-48) junta dos aspectos de gran relevancia para nuestra fe cristiana: por un lado, plantea que la tolerancia es uno de los aspectos que más evidencia nuestra capacidad de valoración de las personas y, por otro lado, que nuestra ruta hacia la plenitud humana pasa necesariamente por la felicidad del otro.

Para Jesús, la tolerancia es mucho más que una cierta actitud permisiva respecto a las personas o situaciones. Qué fácil resulta estar a gusto con los que tenemos cierta afinidad, o con los que hacen nuestro mismo camino o son de nuestro círculo de pertenencia. Pero qué difícil hacer la ruta con los que no pertenecen a nuestro grupo o piensan distinto y, cuánto más, con los que nos resultan ingratos o adversarios.

Ante la actuación tan empobrecedora de los Discípulos frente a los que no son de su círculo de pertenencia, Jesús les responde de forma enérgica: “no le impidan a nadie hacer el bien. Quien no está contra nosotros, está a nuestro favor”. Y es que Jesús conoce muy bien lo dañino que son los grupos cerrados, porque terminan haciéndose arrogantes, excluyentes, mezquinos e intolerantes, y hasta criminales. Terminan viviendo para sí mismos, generando muerte.

La exclusión y la exclusividad propias de los grupos cerrados no es capaz de producir una amistad fecunda y vivificadora, sino que promueven relacionas y satisfacciones que sólo alcanzan a sus miembros. Claramente que estos tipos de grupos disfrutan de la mutua complacencia y del espíritu de cuerpo, pero nada de esto tiene que ver con la compenetración humana y mucho menos con la comunión.

Cuando Jesús dice que “es preferible entrar manco, cojo y tuerto al Reino, a la Vida, que vivir sumergidos en la más profunda infelicidad y tristeza”, nos está planteando la necesidad de “evitar convertirnos en causa o motivo del hundimiento de las personas”, porque nuestra realización pasa necesariamente por la felicidad que podamos producir en los demás.

El evangelista sólo nombra tres órganos del cuerpo: la mano, el pie y el ojo. Y es que estos miembros bastan para hacer referencia a la condición de auto-sustentación de la persona, porque valerse por sí mismo es un aspecto fundamental de la dignidad humana.

La expresión simbólica de “córtate la mano, córtate el pie y sácate el ojo, si te son ocasión de pecado”, expresa que lo más radical de la persona es convertirse en posibilidad de felicidad y realización para los demás, y en consecuencia, para sí mismo. De lo contrario, “más valdría que nos pusieran al cuello una enorme piedra de molino y nos arrojaran al mar”.

Si somos capaces de comprender y vivir que “quien no está contra nosotros, está a nuestro favor”, entonces podremos responder a los retos tan complejos de nuestro mundo, sumando esfuerzos, convocando voluntades y creando puentes de diálogo. Y si asumimos con valentía que no podemos convertirnos en obstáculos para nadie, entonces estamos capacitados para erradicar en todo momento las múltiples maneras de herir a las personas, promoviendo incansablemente actitudes que generen fraternidad, sanación mutua y comunión.

 

Por: P. Gustavo Albarrán, SJ

 

 

Aprenderás

 

Después de algún tiempo aprenderás la diferencia entre dar la mano y socorrer a un alma... Descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla, y que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida... Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma... 

Aprenderás que las verdaderas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias... Y que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir... Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian... Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos, porque nunca estaremos seguros de cuándo será la última vez que las veamos...

Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tienen influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos... Descubrirás que lleva mucho tiempo llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto... Aprenderás que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuán delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos lados... Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica…

Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho de ser cruel... Descubrirás que sólo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no te ame con todo lo que puede. Comprenderás que no siempre es suficiente ser perdonado por alguien; algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo... Aprenderás que con la misma severidad conque juzgas, también serás juzgado y en algún momento condenado...

Aprenderás que el tiempo no es algo que pueda volver hacia atrás; por lo tanto, debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que alguien te traiga flores. Entonces y solo entonces sabrás realmente lo que puedes soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho mas lejos de lo que pensabas cuando creías que no se podía más. Es que realmente la vida vale cuando tienes el valor de ¡enfrentarla!

(Cf. William Shakespeare)

 

 

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