Basta que tengas fe (Marcos, 5, 21-43)

Publicado: Domingo, 01 Julio 2018
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Estamos en la semana 13 del Tiempo Ordinario y la Liturgia nos invita a reflexionar sobre el modo tan especial como Jesús afronta la complejidad de la vida de las personas.

Marcos (5,21-43) presenta en un solo relato dos situaciones que a simple vista casi no tienen nada que ver entre ellas; sin embargo, están íntimamente conectadas en la actuación taumatúrgica (curación-sanación) de Jesús. Aspecto que el evangelista convierte en paradigma para nuestra atención o cuidado pastoral-espiritual de las personas.

1°) Las dos situaciones coinciden en la cantidad de años: La mujer con flujo lleva doce años padeciendo una enfermedad que le ha arruinado el bolsillo, su salud y sobre todo su dignidad obligándola a arrastrarse para logar su mejoría. La hija agonizante de Jairo, tan sólo tiene doce años de edad. Su padre, el jefe de la sinagoga, no se ha paralizado sino que se ha arriesgado a suplicar en público a Jesús que sane a su niña.

2°) Los dos suplicantes son movidos por su última esperanza: El hombre es un judío que ante la inminente muerte de su hija, se deja llevar por el impulso de su esperanza al límite y pide al Señor que vaya a imponer las manos a su niña para que sane; y la mujer con flujo, también movida por su esperanza al límite, se cuela entre la multitud para tocar a Jesús y poder curarse.

3°) En ambas situaciones, la audiencia pide que se desista de la búsqueda o petición: En el caso de la mujer con flujo, son los discípulos quienes dan a entender que no tiene caso seguir buscando a la persona que ha tocado a Jesús, y en el caso de Jairo, son sus criados los que indican que ya no hay por qué seguir molestando a Jesús puesto que ya ha muerto la jovencita.

4°) En el manejo de las dos situaciones tan apremiantes, Jesús se nos revela atento, dedicado, firme, libre, y sobre todo actuando por Él mismo y no por lo convencional o por lo formal, como es común entre nosotros los humanos. A la mujer con flujo, Jesús quiere verla cara a cara, y no para recriminarle, sino para confirmar su esperanza y así no quede solamente curada, sino que quede salvada, devolviéndole la dignidad perdida a lo largo de doce años. Y a Jairo que se desploma ante la noticia de la muerte de su hija, el Señor le manifiesta su disposición de ir con él a su casa, y no sólo para ayudarle a superar la tristeza o dolor, sino para levantar a su hija de la muerte, y con ello, confirmarle también en su esperanza. Por eso le dice: “basta que tengas fe”.

Tal como actúa el Señor, también ha de actuar todo el que hoy se considere amigo de la vida, amigo de Dios, ya que necesita estar principalmente atento a la persona concreta con la que se encuentra a diario antes que a su propio oficio, descubriendo lo bueno que hay en los demás y apoyarse en ello, porque así es como podrá experimentar la fuerza que brota cuando se juntan la fe propia y la fe del otro.

Que nuestra actuación con los demás se parezca a la de Jesús, que no rehusó al trato directo con las personas. Que nos atrevamos como el Señor a crear un nuevo modo de relacionarnos entre hombres y mujeres que nos dignifique a todos, para que juntos construyamos la confianza y la alegría que ofrecen liberación y salvación.

Por: P. Gustavo Albarrán SJ.

 

 

Esperanza Compartida

Señor, líbrame del engaño de una vida aparentemente justa; líbrame de una vida acomodada a los criterios de las buenas formas sociales. Que comprenda que eres Tú quién actúa y quien nos hace justos en el núcleo más sincero de nuestro ser: allí donde me acepto criatura en diálogo contigo y con mis hermanos.

Revélame el término y la calidad de mis acciones. En ti descubro que nada ha de permanecer que no esté cimentado sobre un amor humilde y solidario. Porque todo empeño conducido sin el apoyo de otros es nube arrebatada por el viento; vuelo de pájaro so­bre terreno desértico; brizna de hierba en la grieta rocosa y desolada; amargo des­pertar del más acariciado sueño...

Enséñame a cuidar la vida como lo haces Tú, a caminar junto a tantos hombres y mujeres que juntos se empeñan en sembrar paz, amor y libertad. Hombres y mujeres que no desisten de su lucha por la fraternidad, aún sin saber dónde encontrarla. Revélame la fuerza que esconde la esperanza unida, sentida y compartida al calor de vidas entregadas.

 (Cf. Anónimo)

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