Querer como quiere Jesús (Marcos 1, 40-45)

Publicado: Sábado, 10 Febrero 2018
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En el 6° domingo del Tiempo Ordinario, la Liturgia nos presenta a Jesús como Señor del afecto y de la libertad. Jesús es capaz de traspasar las barreras de lo legal para dar la primacía al amor y a la misericordia.

El evangelista Marcos (1, 45-49) presenta a un leproso (impuro) que movido por la fuerza de su indigencia se acercó a Jesús y le dijo: “basta que tú lo quieras para que yo quede sano”. Y Jesús no demoró siquiera un instante para tocarlo con su mano sanadora.

En tiempos de Jesús, padecer la lepra era una situación muy seria. La ley prohibía lo humano y lo divino. El leproso tenía prohibido acercarse a la gente (familia, amigos, etc.) así como entrar en el templo. Era una auténtica exclusión tanto de la tierra como del cielo. Lo único de lo que no estaba excluido el leproso era de su identidad de impuro. Su carta de ciudadanía era su grito distintivo: “soy impuro”. A este leproso de ayer como a tanta gente de hoy se le ha hecho vivir como a un indeseado.

Pero Jesús, ni se resigna ni evade la situación del leproso, tampoco huye de la miseria humana de hoy. Al contrario, Jesús se muestra y actúa diligentemente para transformar toda miseria y toda exclusión. La actuación del Señor es permanente curación y sanación, realizadas a través de palabras y de gestos. A este hombre enfermo y excluido lo cura Jesús con la palabra y con el gesto. Lo cura con su querer salvador.

La autenticidad de nuestra fe se mide en gran parte por la manifestación del “querer”. El leproso apeló al querer de Jesús. Este hombre descubrió que Jesús quiere decididamente la sanación, la vida, y la salvación de todos. El querer de Jesús no es caprichoso, exclusivo, selectivo, arrogante, mezquino, ni obsesivo. Su querer está muy atento a la realidad. Por eso es capaz, no sólo de ver la problemática, sino de transformarla.

No podemos perder de vista la fuerza, la vitalidad y la calidez de las palabras y de los gestos de Jesús. Ahí está lo decisivo de los que se propongan ser seguidores suyos. De gestos y palabras se componen mayoritariamente el diálogo y la convivencia humana. Gestos y palabras revelan que el fondo humano y divino de Jesús está conformado de bondad, misericordia, valoración de todo lo humano y de energía transformadora. Esto es lo que hace realmente creíble a Jesús. Y es lo que hará creíble también a toda persona.

Para el hombre y mujer que desean ser buenos, y cuánto más para quien tiene fe, no puede existir ley o normativa capaz de impedir un querer auténtico, que sana, que restituye la dignidad de la persona y que transforma toda muerte en vida. Practicar el modo de querer de Jesús nos habilita para responder certeramente a los retos que nos presenta el mundo de hoy.

Por: P. Gustavo Albarrán, SJ.

 

Tú Puedes Querer

Mira a tu alrededor. Siempre hay alguien que te necesita. Nunca cierres los ojos a la suciedad del mundo. ¡No ignores a la gente!

¡Sonríe! Y haz sonreír a muchos. Existen personas que sueñan con tu sonrisa. Ama por encima de todo. Ama a todo y a todos.

No hagas de los defectos una distancia, y sí, una aproximación. Acepta la vida, las personas. Y haz de ellas tu razón de vivir.

¿Ya hiciste a alguien feliz hoy? ¿O hiciste sufrir a alguien con tu egoísmo? Busca lo que hay de bueno en todo y todos.

Oye... Escucha lo que las otras personas tienen que decir, es importante. Y no te olvides de aquellos que esperan des una mano.

Haz de los obstáculos escalones para seguir caminando en la vida. ¡Sueña! Pero no transformes tu sueño en fuga.

¡Cree! ¡Espera! Siempre habrá una salida, siempre brillará una estrella.

(Cf. Charles Chaplin)

 

 

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