Hablar y actuar con la verdad y la bondad de Jesús (Marcos 1, 21-28)

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En la 4ª Semana del Tiempo Ordinario, la Liturgia nos invita a que experimentemos a nivel personal y comunitario la fuerza transformadora de Jesús y para que la pongamos en práctica con palabras y con hechos concretos.

El Evangelio de Marcos (1, 21-28), junta tres aspectos muy importantes para la fe de nuestro tiempo: 1) Jesús se presenta como palabra franca y actuación misericordiosa. 2) La comunidad de fe ha de estar atenta a la Palabra y a la Actuación de Jesús. Y 3) los amigos en la fe han de sanar aquellos espíritus inmundos que se incrusten en la cotidianidad.

Jesús entró un sábado a la sinagoga de Cafarnaúm donde estaba un poseído por un demonio. La fisonomía de este hombre es muy diciente. Cuando grita ¿qué quieres Tú con nosotros, Jesús de Nazaret, has venido a destruirnos? se delata como alguien que se siente afectado por la novedad de Jesús. Pero cuando exclama con vehemencia que él sabe que Jesús es el Santo de Dios, se delata como una persona conocedora de la revelación. Así pues, este poseído no es cualquier enfermo, es alguien que tiene cierto camino y hasta cierta importancia dentro del grupo.

El poseído por el espíritu inmundo (= no-limpio o malsano) es un miembro de la comunidad, es uno más del grupo, es decir, que puede ser cualquiera de los miembros. Por tanto, puedes ser tú o yo. Y es que este poseído tiene atenazado el corazón y la mente: ¿está lleno de resentimientos? ¿Está afincado en lo suyo, en sus pareceres? ¿Su poca libertad lo asfixia a él mismo y a los demás? No es capaz de ver la novedad de Dios en las personas y en las circunstancias de la vida.

Este pasaje evangélico se convierte en un referente para la cotidianidad de nuestra fe y de nuestra misión: 1°) Porque Jesús es la palabra viva y desafiante que impulsa la verdad, el amor y la esperanza. 2°) Porque la Comunidad, ya sea la familia, los amigos, el grupo de trabajo, la comunidad eclesial o la religiosa, será auténtica comunidad si está impregnada del modo de hablar y actuar de Jesús. 3°) Porque nadie está exento de vivir situaciones de in-mundicia, es decir, sentimientos viles y bajos, obsesiones, desfiguración humana, maldad o intrigas, que necesitan ser sanadas.

Todo creyente y toda comunidad que se llame amiga de Dios no pueden paralizarse ante la inmundicia del mundo, sino volver la mirada y el oído a Jesús para llenarse de su Palabra viva y de su capacidad de sanar. Y así poder actuar diligentemente en el destierro de toda in-mundicia que ate y paralice la vida. Pero eso sí, teniendo siempre en cuenta que el in-mundo es una persona que hay que cuidar y atender con más esmero, con más ternura, con mayor dedicación. En este modo de proceder radica la diferencia de la autoridad de Jesús y la de sus seguidores respecto a quienes ostentan un poder sin tener autoridad ni credibilidad.

La autoridad de Jesús es para revitalizar todo espacio llenándolo de sentido, escrutar los secretos del corazón generando desafíos, provocar salud devolviendo a la vida y para desconcertar a quienes están asegurados en sus concepciones y puntos de vista.

Por: P. Gustavo Albarrán SJ

 

Para Actuar como el Santo de Dios

 Atrévete a decir: Si nadie te ama, mi alegría es amarte.

Atrévete a decir: Si quieres caminar, iré contigo.

Atrévete a decir: Si me llamas, vengo siempre.

Atrévete a decir: Si lloras, estoy deseando consolarte.

Atrévete a decir: Si eres débil, te daré mi energía.

Atrévete a decir: Si eres inútil, yo no puedo prescindir de ti.

Atrévete a decir: Si estás vacío(a), mi llenura te colmará.

Atrévete a decir: Si tienes miedo, te llevo sobre mis hombros.

Atrévete a decir: Si te pierdes, no duermo hasta encontrarte.

Atrévete a decir: Si pecas, soy tu perdón.

Atrévete a decir: Si te resistes, no quiero que hagas nada a la fuerza.

Atrévete a decir: Si estás a oscuras, soy lámpara para tus pasos.

Atrévete a decir: Si quieres conversar, yo te escucho siempre.

Atrévete a decir: Si te manchas, no quiero que salves las apariencias.

Atrévete a decir: Si piensas que soy tu rival, yo no quiero quedar por encima de ti.

Atrévete a decir: Si te olvidan, mis entrañas se estremecen recordándote.

Atrévete a decir: Si te cansas al andar, ven conmigo y tendrás frescura y descanso.

 

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