Convocado a la Conversión y a Creer en el Evangelio de Dios (Marcos 1, 14-20)

Publicado: Sábado, 20 Enero 2018
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En la 3ª Semana del Tiempo Ordinario la Liturgia nos presenta el comienzo de la Misión de Jesús, donde Él nos invita directa y expresamente a la Fe. La convocatoria es clara: se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca; arrepiéntanse y crean en el Evangelio.

Según el evangelista Marcos (1,14-20), Jesús se lanzó a la Misión a partir del encarcelamiento del Bautista. Esta situación provocó que Jesús se trasladara a Galilea. Un rincón de la tierra desprestigiado en el que Jesús comienza a predicar y practicar la Buena Nueva de la Salvación.

Que Jesús nos invite al arrepentimiento, a la conversión, significa que nos está convocando a la audacia de vivir como personas nuevas, atreviéndonos a cambiar en lo más íntimo de cada quien. Es decir, a limpiar el alma, transformar nuestro corazón, ablandar nuestra dureza de mente, para que al liberarnos de toda atadura experimentemos la Salvación.

El Evangelio de Dios que nos propone Jesús como paradigma, es palabra que espanta soledades y tristezas, es vida que arranca de la muerte, es solidaridad que transforma la pobreza, es salvación. Este Evangelio nos cambia desde dentro: siempre seré el mismo, pero ya no seré lo mismo. Me pareceré a Jesús.

Arrepiéntete y cree en el Evangelio equivale a decir: piensa, ama y actúa de forma distinta a como lo has hecho hasta ahora y deja surgir dentro de ti el impulso que te abre confiadamente a la palabra, al poder y a la misericordia de Dios. Esta llamada es a vivir una vida diferente.

A Pedro, Andrés, Santiago y a Juan, los sacó Jesús de su acostumbrado oficio de pescadores en el que gastaban sus días, lanzándolos a la aventura de ganar hombres y mujeres para el amor, la verdad y la fraternidad. A ti y a mí nos pide salir de las rutinas, salir incluso de las queridas rutinas, para que nos metamos en la aventura de hacer amanecer la vida.

Que nada impida a Jesús mudarse e instalarse en nuestra pequeña casa, trabajo o familia y a lo más íntimo de nosotros mismos, para que nos dispongamos a la conversión y vivamos el Evangelio de Dios.

Por: Gustavo Albarrán, SJ.

 

TÚ ME HAS LLAMADO

En silencio mi Señor, desde siempre me has llamado. Tus palabras y tus gestos me han hecho sentir en tus manos.

Tú, Señor, bien me conoces, mi vida has escudriñado, mis errores y pecados con tu amor has perdonado.

A veces me siento yo indigno de tus cuidados, por mi orgullo, por mis miedos, sin ver que estás a mi lado.

Sin darme cuenta que tiendes a todas horas tu mano, para que a ella me aferre y no me llene de barro.

Tú me llevas a tus aguas y limpias todo mi barro, del que mi vida tan llena, ha estado por tantos años.

Tú me lavas con tu gracia estos ojos tan cegados. Al abrirlos, veo tu Gloria, tu cariño y tu cuidado.

Yo estoy dispuesto a seguirte, porque sé que me has amado. Con tu gracia y tu ternura, responderé a tu llamado.

Por eso, vengo en silencio, ante Ti, que me has amado. Que nunca me aparte de Ti. Quiero seguir a tu lado.

(Cf. Antonio Torres)

 

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