Erradicar la hipocresía de nuestra vida (Mateo 23, 1-12)

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La Semana 31 del Tiempo Ordinario nos acerca al cierre del Año Litúrgico “Ciclo A”, para dar paso al nuevo Año Litúrgico “Ciclo B”, que comienza con el Adviento y nos prepara a la Navidad. En este cierre, la Liturgia nos propone un itinerario, un camino, que nos ayude a profundizar en nuestra autenticidad.

El evangelio de Mateo (23,1-12) nos invita a comenzar este camino de autenticidad con una revisión a fondo de nuestro modo de actuación, para que así nos dispongamos a erradicar de nuestras vidas todo tipo de hipocresía.

Sin rodeos, este evangelio es una crítica muy seria a los expertos en religión y a los que tienen algún tipo de poder sobre las personas, cuando actúan con hipocresía. Jesús nos dirá: “hagan todo lo que ellos dicen, pero no imiten su actuación, porque dicen una cosa y hacen otra”.

Para Jesús, la hipocresía de quien tiene poder, cualquier tipo de poder, se manifiesta en estos cinco aspectos: 1) Poner cargas pesadas sobre las personas. 2) Actuar para que lo vea la gente. 3) Torcer la ley y con ello torcer la verdad. 4) Buscar ser los primeros. 5) Sentirse superior a los demás.

También nos dirá Jesús, que lo único que puede erradicar esta hipocresía es una vida de hermanos. Pero no una hermandad convencional. Sino aquella que es construida a base de misericordia, de sencillez, de auténtica justicia, de cercanía y encuentro, y a base de humildad. Una hermandad que no sea para arroparme o cuidarme yo, sino para arroparnos y cuidarnos todos al abrigo del respeto, valoración y aprecio recíprocos.

Quien se presenta ante los demás tal cual es y sin posturas. Quien no tiene que ocultar sus dones y sus miedos, sus fragilidades y fortalezas, sus limitaciones y posibilidades, sus errores y aciertos, es una persona de verdad.

Si quieres arrancar de raíz la hipocresía que mata el alma, no te sientas superior a nadie sino igual, no te consideres el dueño de nada sino corresponsable con los demás y, lo más importante, hazte servidor de todos en toda circunstancia, tiempo y lugar. Y verás cómo empieza a brotar tu alegría, dejando al descubierto la vida que llevas dentro.

 

Por: Gustavo Albarrán, SJ.

 

Vamos a Amarnos

Vamos a amarnos tú y yo. Yo, tú y nosotros, para llegar a los otros con fuego en el corazón. Vamos a amarnos y así juntos encontremos la verdad en que creemos y pertenece a los dos.

No digas nada, lo has dicho ya, sobran las palabras, perdona de verdad. No me preguntes quién tiene la razón, eso no importa si hay corazón.

No me preguntes quien tiene la verdad, toma con gusto mi realidad. No es el momento de discutir, soy como soy, ayúdame a subir.

No me preguntes si cambiaré, dame la mano y mejoraré. No te detengas, intenta una vez más, todo es posible si hay caridad.

Vamos a amarnos tú y yo. Yo, tú y nosotros, para llegar a los otros con fuego en el corazón. Vamos a amarnos y así juntos encontremos la verdad en que creemos y pertenece a los dos.

 (Miguel Matos SJ)

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