Unión de Ánimos en Tiempos de Covid Por: Nelson Otaya

Publicado: Jueves, 09 Julio 2020
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La “unión de ánimos” es una frase usada por San Ignacio y desarrollada en las Constituciones de la Compañía de Jesús, con el fin de cuidar de una comunidad de hermanos que, al estar dispersos por el mundo, deseaban seguir unidos de corazón con un mismo estilo de proceder. Sin incurrir en anacronismos, podríamos preguntarnos si en el contexto en el que nos encontramos, ¿las actuales redes educativas jesuitas a que se pueden exponer en tiempos de crisis? ¿Cómo mantener nuestro sello de servicio y de relación con Dios en un escenario que parece distanciarnos de los demás? La respuesta viene dada desde un lenguaje jesuítico, que encierra más allá del control, pues implica la unión con el corazón mismo para caminar por el mundo entero, representando algo, diciendo algo o haciendo algo distinto. La unión de “amigos en el Señor”, que inspira pero que al mismo tiempo, nos permite responder a los desafíos que supone la dispersión. (Osuna, 1998).

Dicho lo anterior, sobre el significado de esta expresión tan jesuítica, podemos ahondar en sus implicaciones teniendo como referente el artículo de José María Guibert, S.J. (2018) titulado: El fomento de la unión de ánimos, parte de la misión de la universidad jesuita. En mi consideración sus planteamientos van más allá de la misión de la universidad, – en estos tiempos de emergencia – pueden ser de mucha inspiración en la toma de decisiones para cualquier obra de carácter educativo. Desde allí podemos encontrar una respuesta a ¿Qué nos puede inspirar la “unión de ánimos” en tiempos de Covid-19? en nuestras redes e instituciones?

Inicia el artículo citado, explicando que, según el diccionario de la RAE, una de las acepciones del término “ánimo” es alma o espíritu, en cuanto principio de la actividad humana. En castellano, italiano y latín existe el término “ánimo”. Sin embargo, en lenguas como el alemán, inglés, francés o polaco, no se encuentra una acepción directa y por ello han traducido esta expresión como “unión de los corazones” o como en el caso checo “unión de las mentes”. En general, todas ellas apuntan a que esa unión no es algo externo a la persona, sino que la unión se logra desde el interior de las personas (Guibert, 2018). Para el autor, se trata de responder con esta expresión a la dispersión geográfica de los jesuitas a través del mundo y a la manera de estar unidos como un solo cuerpo a través de su cabeza.

En la actualidad, esa unión de ánimos, nos lleva a cuestionarnos ¿Cómo podemos entenderla? ¿Cómo puede ser estratégico contar con otros sin perder el horizonte? Parecería simple la respuesta cuando estamos hablando de instituciones que llevan años forjando un liderazgo con un servicio muy reconocido. La respuesta que vamos encontrando en las distintas redes nos muestran que existe realmente un cambio de paradigma del trabajo en redes. Las circunstancias actuales nos obligan un discernimiento en común (Rodríguez, 2020) sin precedentes porque la pandemia del Covid-19 ha puesto a prueba el futuro de lo que seremos o queremos ser como redes educativas.

La demanda más urgente que posiblemente jugará un papel definitivo en las soluciones ante los efectos del Covid-19, posee tres aspectos que pueden jugar a favor o en contra cuando se trata de responder en red bajo una unión de ánimos. Según Guibert, existen tres peligros a los que responde esta expresión: la primera es la dispersión geográfica, que es fácil de entender según los contextos multiculturales; la segunda viene dada en palabras de San Ignacio en cuanto que otro peligro que “puede generar división es el hecho de que muchos jesuitas sean “letrados”, o sea que pueda ser tendencia o disposición “a ser cabeza de sí”, con lo que sugiere que pueda presentarse la tendencia a validarse a sí mismo, desconociendo las voz de los otros e inclusive de sus superiores; la tercera, se refiere a que se prevé́ que los jesuitas tengan cierta relación con el poder o las autoridades” (Guibert, 2018), lo que podría colocar en dificultad tomar posiciones u opciones difíciles de cambiar afectando directamente la misión para atender al bien más universal (Sosa, 2019).

En este escenario, podríamos decir que los aspectos que San Ignacio nos invita a tener en cuenta traducidos ante la emergencia del Covid-19 para el trabajo en red son los siguientes: El primero peligro, está delineado por la geografía que en su tiempo era un gran desafío por lo conocido o desconocido del mundo. Sin embargo, hoy en día, contamos con un basto sistema de comunicaciones que en cierta medida nos ha permitido darle continuidad a la misión educativa del continuo jesuita. Contamos con una diversidad de recursos a los que se puede acceder de manera virtual.

El segundo peligro, encontramos una característica muy presente en las organizaciones, se trata de un cierto “intelectualismo”, que nos autoriza para hablar de todo y en algunos casos sin decir nada. También nos lleva a creer que se trata de la última palabra o la verdad absoluta ante un problema que posee muchos matices. Este peligro, nos puede llevar a creernos poseedores del conocimiento absoluto, encerrándonos en el ego intelectual, generando división y poca solidaridad, especialmente con los más vulnerables. El llamado para nuestro tiempo se centra en ser personas unidas en el ánimo y el conocimiento. Es desde el reconocimiento de los saberes particulares y las experiencias territoriales que tendremos la posibilidad de sentarnos a planear y evaluar según los diversos roles que tenga la organización. En este sentido, las redes poseen la infraestructura, pero son las personas, en su liderazgo solidario – las que deben animar esa unión entre la diversidad de personas y contextos de forma colaborativa.

El tercer peligro, nos lleva a reconocer la dificultad que trae el plantarnos en posiciones, opciones, recursos difíciles de cambiar. En ocasiones las organizaciones se “casan” con un proveedor, un solo sector, o incluso una posición política. Estas fronteras de la unión de ánimos, nos colocan en tensión a toda la red, porque se nos pide, que no solamente pensemos como universidad o colegio, sino que actuemos como cuerpo buscando dar respuesta al plan apostólico común, a nuestras prioridades apostólicas que son en fin de cuentas hacer el mayor bien según los tiempos, lugares y personas (Sosa, 2019).

En los tres casos, las distintas obras requieren mantener una unión en el ser y el hacer. Una tarea de todos los días que se inspira por una unión de ánimos, que antes buscaba unir a los jesuitas como un solo cuerpo, hoy la podemos traducir como la unión de la red más grande para la solidaridad y el servicio. Necesitamos por lo tanto valorar las distintas respuestas ante el Covid-19, para que juntos podamos coordinar y generar el mayor bien como Compañía y de esta manera ser innovadores y ofrecernos para ayudar a otros.

Así las cosas, la unión de ánimos en estos tiempos del Covid-19, nos pide una respuesta desde adentro, dejando nacer nuevos frutos de unidad desde el discernimiento en común como la mayor estrategia para ayudarnos y ayudar a otros (Rodríguez, 2020). Es el momento verdaderamente de enredarnos, volvernos más humanos y para eso, se necesita de la experiencia de todos como un cuerpo educativo que esta disperso en toda la región. Debemos enfrentarnos al peligro de creernos lejos y no usar los medios para estar junto a otros; utilicemos el conocimiento y la espiritualidad como la consigna de servir mejor, dando ideas y propuestas novedosas para todos; y discernamos para que los intereses que muevan a las personas en sus diversos roles, estén marcados por el amor y el servicio más universal.

Estamos llamados a responder de manera innovadora, proponiendo nuevos caminos para una nueva normalidad que ya hemos comenzado a moldear. Es el momento para hacer del discernimiento en común una práctica viva desde la unión de los ánimos como característica de la espiritualidad ignaciana. No perdamos el ánimo para acompañar y acompañarnos, oportunidad para sostener y sostenernos y finalmente, oportunidad para comunicar y comunicarnos de manera más efectiva. Esta únión de ánimos es una forma de cuidarnos en la misión que es compartida y requiere también del autocuidado para interpretar juntos, lo que constantemente nos hace redes al servicio de una misión mayor.

Por: Nelson Otaya Secretario Ejecutivo de EduRed-CPAL

 

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