El Papa y la nueva economía. Por: P. Alfredo Ferro, S.J.

Publicado: Lunes, 01 Junio 2020
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El Papa Francisco en sus palabras desde Roma en la mañana de este domingo en que celebramos la fiesta de Pentecostés, la del Paráclito, la del Espíritu Santo que está y sigue siendo promesa, nos envía un mensaje de aliento y especialmente lo hace, a quienes estamos en la Amazonia, haciéndolo con una mirada particular a los pueblos indígenas, que señala como los más vulnerables. Son palabras de denuncia y de llamado de atención, no podemos estar distraídos en este tiempo de pandemia: "Muchos son los contagiados y los muertos, incluso entre los pueblos indígenas, que son particularmente vulnerables. Por la intercesión de María, Madre de la Amazonia, pido por los más pobres e indefensos de esa querida región, pero también por los de todo el mundo, y hago un llamamiento para que a nadie le falte atención sanitaria. Curar a las personas y no ahorrar para la economía, sino curar a las personas, es más importante que la economía. Las personas somos templos del Espíritu Santo, la economía no”.

Ante todo Francisco invoca a nuestra madre- Quien más que ella, puede escuchar la súplica de los pueblos indígenas de la Amazonia, pero sobretodo, hace un llamado como la hecho el Sínodo de la amazonia, que ha sido nuestro gran pentecostés, para que estemos atentos a quienes son los más vulnerados y vulnerables en este territorio amazónico. Hasta Roma ha llegado el grito y el clamor de los más de 150.000 contagiados y más de 8.000 muertos hasta el día de hoy, donde el número de los indígenas crece a cada día. Se ha comprobado por el seguimiento que se le ha hecho desde la REPAM a lo que está sucediendo, que de los indígenas contagiados el 25% están muriendo, a diferencia de la otra población, donde la cifra es del 5%, lo que de otra forma, reafirma lo que el Papa nos dice en su alocución: “son ellos los más vulnerables”.

Todo ello lo recibimos con un especial cariño en esta fiesta del Espíritu, donde él nos confirma, que esta tierra amenazada y depredada es la “Querida Amazonia” soñada y que todas y todos quisiéramos que se hagan realidad. Lo más llamativo, es que esos sueños recogen algo de lo que no debe ser esa economía a la que Francisco hace alusión.

Se ha hecho un gran debate ético sobre si lo más importante es el confinamiento y la protección de las personas o la “economía” y sabiendo que es una tensión que siempre estará presente, el Papa cuando pide que no salvemos la economía y dejemos de curar o dejemos morir a los indígenas, se está refiriendo a un tipo de economía que es a la que no quisiéramos regresar y que Francisco ha criticado y denunciado duramente en varias de sus intervenciones o documentos y en particular en la Laudato Si.

No queremos dice, una economía que está por encima de la defensa de la vida y de los derechos de los territorios y de los pueblos indígenas. No queremos una economía que mata todos los días a miles de niños de hambre. No queremos una economía que no dignifique el trabajo y excluya a la gran mayoría de la posibilidad de tener un trabajo digno o de ser obligado a entrar en una economía informal, de profunda inseguridad para innumerables familias, algo que nos ha develado claramente la pandemia. No queremos una economía, que solo piense en crecer, en acumular, en el lucro, en pretender ante todo el consumo, donde el mercado es lo que rige las leyes de la oferta y la demanda. No queremos una economía del dinero fácil, de la corrupción que roba los recursos de las comunidades más pobres y está al servicio de una clase política corrupta. No queremos una economía, que atente contra los territorios explotando y saqueando los minerales y las riquezas de nuestras selvas y ríos. Denunciamos una economía extractiva y minero-energética, que destruye el territorio y la vida de los pueblos indígenas y aboga en esta pandemia, por imponer las consultas previas virtuales, sabiendo que estos pueblos y comunidades no tienen la mínima conectividad. No queremos una economía, que no tengan en cuenta los pequeños empresarios o la economía solidaria, que sobreaguan frente a los poderosos y luchan por subsistir, siendo muchas veces absorbidas por las grandes y poderosas empresas y el gran capital. No queremos una economía dominada por el sistema financiero, que tiene ganancias inconmensurables, considerándose indispensable con altas tasas de interés en los préstamos y que, cuando pasa por una u otra crisis, los Estados o gobiernos de turno corren a salvarla. No queremos una economía que desprecie y aísle a los ancianos y los considere por no ser productivos, desde sus lógicas de no interés y los desahucie. No queremos una economía, que produzca grandes desigualdades en la sociedad, donde un puñado de personas y familias, sean propietarias y dueñas de gran parte de la riqueza que han acumulado expropiando, explotando y aprovechándose de la gran parte de los campesinos e indígenas desprovistos de tierra. No nos interesa una economía, que supedite a la necesidad de las personas, la defensa a toda costa la propiedad privada, que no cumple con la hipoteca social a que nos llama el magisterio social de la Iglesia. Quisiéramos otra economía, otro modelo de “desarrollo”, un modelo alternativo: social, incluyente, sostenible, justo, solidaria, equitativo, que respete la naturaleza y defienda los más débiles, construido desde lo sencillo y pequeño y a la escucha de las grandes mayorías.  

Por todo ello, el Papa aboga y busca incansablemente alternativas junto con nosotros y nosotras, los que todavía no perdemos la esperanza. Es así, que se habla de la “economía de Francisco”, que está convocando miles de jóvenes a un proceso que tiene su foco en en un evento que se quiso hacer en Asís y ha sido aplazado y que esperamos con gran regocijo. Por ello mismo, se crean también espacios de búsqueda común, en la que hace un buen tiempo, muchas personas, activistas y luchadores-as pretenden y pretendemos, alternativas al “desarrollo”, que no hacen parte de ese espíritu capitalista, que se nos ha vendido como progreso.  

Esa es la economía que no debemos salvar, nuestra economía tiene que ser otra y el espíritu de ella, que entendemos como siendo el espíritu de Jesús y del evangelio. Agradecemos a Francisco por sus palabras, que esperamos sean escuchadas y resuenen en quienes toman las decisiones de este mundo.

Alfredo Ferro M, S.J. 

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