Diez motivos para celebrar el Día Internacional del Migrante. Por: Javier Cortegoso

Publicado: Miércoles, 18 Diciembre 2019
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Desde el año 2000, cada 18 de diciembre celebramos el Día Internacional del Migrante a propuesta de NNUU. Una pregunta me sacude desde que hoy me he levantado: ¿Hay realmente motivos para celebrar?

En las últimas semanas hemos tenido distintos encuentros en la Red Jesuita con Migrantes, la región de Centroamérica y Norteamérica y las dos regiones del Sur. En estos encuentros dedicamos buena parte del trabajo a compartir el análisis del contexto de la migración.

Analizando el contexto de la migración centroamericana y mexicana evidenciamos una paradoja terrible, las mismas políticas que provocan, en gran parte, la expulsión de millones de personas que se ven obligadas a migrar, son las que después les impiden avanzar su paso y llegar a sus nuevos destinos. Son políticas de muerte, aprovechadas por multitud de actores que hacen su negocio en la violencia y a las que les ampara la impunidad. El laberinto de la migración es un laberinto cerrado para los migrantes forzados. Se obliga a entrar en el flujo con la esperanza de una salida, y el mismo dueño del juego va cerrando las puertas en todas las alternativas que se encuentra el migrante en cada encrucijada. El laberinto de la migración es extenuante y busca la derrota de la humanidad que quiere salvarse.

Cuando nos centramos, semanas más tarde, en lo que está pasando en América del Sur, con un foco principal en la migración forzada venezolana, encontramos una respuesta con algunas leves promesas, pocas acciones efectivas y una práctica generalizada de abandono o directamente del “portazo” migratorio: decisiones políticas y prácticas con dudosa legalidad que tienen el objetivo de dificultar nuevamente el éxodo migratorio. Si las cifras oficiales son dramáticas, superando ya los 4 millones y medio de migrantes forzados venezolanos, nosotros sabemos que en realidad son mucho peores, por encima de los 5 millones y sumando. No nos olvidamos de otros flujos migratorios, como el haitiano, invisibilizados por todos, menos para la aplicación también de políticas restrictivas de la movilidad humana. Nicaragua, Colombia, otros flujos extracontinentales siguen generando movimiento en nuestro continente.

Si pintásemos un cuadro de la migración hoy en América, dejando a  un lado los necesarios matices, podemos decir que en América la migración es masiva y sigue creciendo, que a la respuesta basada en derechos humanos le gana, de largo, la política basada en el enfoque de seguridad nacional, las prácticas de detención y deportación, el no reconocimiento de la protección internacional necesaria en tantos cientos de miles de migrantes, la militarización de fronteras, la exposición a cada vez mayores riesgos en la ruta consecuencia de lo anterior y en no pocas ocasiones el encuentro del migrante con la muerte. El perfil de la migración forzada ha cambiado, cada vez más equilibrado en género, cada vez más familias completas, mujeres solas con hijos y menores no acompañados. También en muchos de nuestros flujos migratorios podemos hablar de una crisis humanitaria que camina junto a los caminantes y las caravanas.

Además, como un último trazo grueso en el cuadro de la migración en América, podemos afirmar cómo va creciendo el rechazo, la xenofobia, la criminalización del migrante. Cómo se fomentan los miedos en base a medias verdades cuando no directamente a datos falsos, acusaciones infundadas, mentiras que llevan la rúbrica de nuestras élites políticas y económicas y la complicidad de muchos medios de comunicación.

Entonces, ¿hoy que celebramos?, ¿hay motivos para celebrar? Nosotros decimos que sí.

Primero por que todas y todos somos migrantes, como nos recuerda nuestro querido Papa Francisco, no se trata sólo de migrantes, se trata de la humanidad entera. Nuestra historia como humanidad es una historia de migración y por lo tanto de encuentro. Nuestra historia personal tiene siempre un hito vinculado a la migración, nuestros padres, nuestros abuelos, nuestra cultura, nuestras naciones, nuestros bailes, nuestras risas son expresión cruzada de millones de encuentros, de caudales de vida en movimiento.

Segundo porque la vida se abre paso. La vida no se detiene en las fronteras políticas, ni en las físicas, ni en las mentales. En el contexto que hemos descrito tenemos que hablar de huida y supervivencia, pero claro que también de llegada y de vivencia.

Tercero por que hay historias concretas de éxito que merecen ser celebradas. En el 2018 las oficinas de la red acompañaron a más de 150 mil personas en sus historias de migración, muchas de ellas son historias con logros, historias de salvación

Cuarto porque somos testigos privilegiados de la lucha por la vida, aprendemos de su fortaleza, de su resiliencia y de su esperanza. Son nuestra fortaleza, nuestra resiliencia y nuestra esperanza.

Quinto porque tenemos una alternativa que ofrecer, creemos en un mundo justo y reconciliado, otro mundo es posible, otra política es posible, otro futuro se abre paso. Junto a la protesta, propuesta.

Sexto porque formamos parte de una generación de mujeres y hombres, defensores y defensoras que, pese a ser también señalados y perseguidas, perseveran en la lucha, dan muestras de un compromiso inquebrantable.

Séptimo porque somos comunidad, la Compañía de Jesús, la iglesia y la sociedad civil, legitimados en los derechos humanos, valientes y entregadas a la causa de las personas migrantes, que es la nuestra. Es verdad que, en ocasiones por institucionalidad somo lentos, pero aprendemos a ser red que multiplica los alcances y los logros.

Octavo porque si es verdad que observamos con preocupación cómo el miedo lleva al rechazo, nuestra América conserva muchísimas más muestras de Hospitalidad que de hostilidad, vibramos en los caminos, en los pueblos y en las ciudades, con la generosidad y la entrega, con la tremenda solidaridad que responde mucho mejor a lo que hemos aprendido de las generaciones anteriores y a lo que soñamos para las que vienen. América es también luz y color y fiesta que resuena en la mirada abierta, de la una frente al otro, nos reconocemos, nos queremos, nos llamamos por nuestro nombre.

Noveno, celebramos a las más vulneradas y vulnerados en nuestra migración, las mujeres víctimas de un sistema patriarcal y machista, las poblaciones indígenas amenazadas en sus territorios, negadas en su diversidad cultural, las niñas y los niños que se abren a la oportunidad de que no les roben su futuro, a las ancianas y ancianos que llevan en su mochila experiencia, sabiduría y llenan también nuestros caminos, celebramos a las personas en diversidad sexual que anhelan territorios donde puedan desarrollarse plenamente en libertad. 

Décimo, celebramos la migración como un derecho habilitante para acceder a los derechos que se niegan en los lugares de expulsión, pero igualmente celebramos a los y las que resisten en sus territorios, la fuerza increíble de las personas migrantes forzadas, su valentía, es también la fuerza y valentía de los que quedaron atrás, o delante según se vea. No olvidamos las causas ni a los causantes de la migración forzada, y las resistencias y transformaciones de esas causas forman parte de nuestra misión de Justicia y Reconciliación.

Y así, poco a poco me voy respondiendo que sí, que hay motivos para celebrar el Día Internacional del Migrante, seguro que tu encuentras el tuyo, si quieres compártelo con nosotros. Nosotros celebramos el día recordando que, saliendo al encuentro, compartiendo el viaje con las personas migrantes, nos encontramos desde el corazón y que la hospitalidad no es otra cosa que humanidad compartida. Y es que no se trata solo de migrantes, se trata de la humanidad entera.

Javier Cortegoso Lobato

Coordinador de la Red Jesuita con Migrantes

@RedJesuitaConM1

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