Fomentar una pastoral transfronteriza, que rompe muros y construye el Reino en la Amazonía

Publicado: Lunes, 09 Septiembre 2019
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En la Amazonía hay elementos que no forman parte de la vida de los pueblos originarios, uno de ellos son las fronteras entre los países, que muchas veces separan a los pueblos, inclusive a las familias. El Sínodo para la Amazonía, a través del Instumento de Trabajo, hace una llamada a la Iglesia amazónica a responder a ese desafío, a “formar equipos específicos en las diócesis y parroquias y planear una pastoral de conjunto en regiones de frontera”, como recoge el número 62.

No podemos olvidar como nos relata el mismo documento que la frontera “es el lugar por excelencia de la agudización de los conflictos y violencias, donde no se respeta la ley y la corrupción mina el control del Estado, dejando campo libre a muchas empresas para una explotación indiscriminada”, nos dice el número 129, que llama a “incentivar y fortalecer el trabajo en redes de pastoral de fronteras como camino de acción pastoral social y ecológica”.

Siguiendo esas sugerencias del Instrumentum Laboris, entre el 5 y el 7 de septiembre, tenía lugar en Tabatinga (Brasil), un encuentro de la diócesis de Alto Solimões, que era la anfitriona, y los vicariatos de Leticia (Colombia) y de San José del Amazonas (Perú). Eran 80 participantes, entre laicos y laicas, religiosos y religiosas, sacerdotes y sus obispos, Monseñor Adolfo Zon, Monseñor José de Jesús Quintero y Monseñor José Javier Travieso.

El objetivo, como recordaba el Padre Alfredo Ferro a los presentes, era “encontrarnos como triple frontera, como personas con sus diversidades, como Iglesia, es un espacio para prepararnos al Sínodo, hacer una reflexión del Instrumento Laboris (dar algunos aportes al mismo) e intercambiar nuestras realidades-desafíos-esperanzas que nos permitan proyectarnos como Iglesias fronterizas”. Era algo en lo que también insistían los obispos, que veían el encuentro como oportunidad de escucha, pues “quiero llevar la voz de tantas personas y de ustedes al Sínodo para descubrir lo que Dios nos está pidiendo como Iglesia en la Amazonía”, decía Monseñor Travieso. Todo ello siguiendo lo que el Papa Francisco nos invita, “escuchar, incluso a aquellas voces que son disonantes”, enfatizaba Monseñor Zon, pues el desafío es “que podamos sentirnos muy unidos y nos sensibilicemos en el cuidado del medio ambiente para que todo esto que nos rodea se pueda conservar”, concluía Monseñor Quintero.

 

En realidad, no es la primera vez que estas Iglesias se reúnen, pues ya se han dado otros encuentros, que han tenido como motivación la movilidad humana, la pastoral juvenil, o los proyectos binacionales, entre otros. Por encima de las temáticas “es necesario romper los muros que nosotros mismos establecemos como Iglesia”, entizaba la hermana Guaracema Tupinambá. En ese camino, la Red Eclesial Pan-Amazónica – REPAM, tiene un papel importante, sobre todo a través del Eje Fronteras, como explicaba Verónica Rubi, una de las coordinadoras de este eje, que afirmaba que “cada uno es Iglesia porque vamos construyendo el Reino desde diferentes servicios de misión”.

La realidad de estas tres Iglesias es muy amplia, como fueron descubriendo los presentes, que destacaban algunos elementos y desafíos presentes como la inculturación, la valoración de las culturas, la falta de planes pastorales y unidad de criterios, la poca conciencia sobre el cuidado de la Casa Común, el narcotráfico y drogadicción, las grandes distancias, la necesidad de una pastoral de la presencia, con mayor protagonismo laical, el ser una Iglesia profética, insistir en las políticas públicasmodelos sustentables de producción, la migración para las ciudades, acompañar a los jóvenes, entre otros muchos.

Desde esta realidad se llamaba a la necesidad de asumir la triple conversión que nos propone el Sínodo para la Amazonía, eclesial, que recupere la memoria del pasado, que genere estructuras que tengan vida que las anima, sostiene y recrea, que haga realidad una Iglesia en salida, misionera y nada acomodada, elementos que aportaba el Padre Yilmer Pérez. Una conversión ecológica, fundamentada en la Laudato Si, que, según Alfredo Ferro, nos desafía a admirar, reconocer, agradecer, amar, pues todo está conectado, y al mismo tiempo amenazado por el pecado que explota la Casa Común, coloca en primer lugar la economía, y se ve afectada el antropocentrismo y relativismo moral, siendo desafiados a recuperar la historia y las raíces. También una conversión sinodal, que según Monseñor Adolfo Zon, expresa la participación y comunión en miras a la misión, valorando la escucha y el diálogo como compromiso en la búsqueda de la voluntad de Dios, discernir en conexión con la realidad y permanecer en constante oración.

Los pueblos indígenas también manifestaban lo que esperan de la Iglesia, confiando en que el Sínodo para la Amazonía sea un impulso en esas esperanzas. Ellos comenzaban agradeciendo el apoyo de la Iglesia a los pueblos indígenas, su trabajo formativo evangelizador, y pedían un trabajo en clave de pastoral indígena, respetando la cultura, que se profundice en los temas de la Amazonía y de lo que en ella está aconteciendo, que la Iglesia sea compañera de lucha, denunciando a las Iglesias que quieren catequizar sin respetar lo que les es propio. Los pueblos indígenas dicen que no quieren olvidar su cultura, lengua y espiritualidad. También pedían a la Iglesia el apoyo a los indígenas que viven en la ciudad y que algún día un indígena de esta región pueda celebrar la eucaristía en su propia lengua.

El encuentro también ha servido para reflexionar sobre algunos elementos presentes en la región, como es la realidad urbana, un fenómeno imparable, mestizo, sin servicios básicos, con violencia, tráfico de drogas, prostitución; la salud integral, que valore la sabiduría ancestral y la medicina natural, y combata la contaminación y deforestación, promoviendo el cuidado de la naturaleza del buen vivir sabe de medicina natural para todo tipo de enfermedades; justicia social y Buen Vivir, pues todo lo necesario para vivir está en la Amazonia, amenazada después que llegó la enfermedad del dinero; vida y cultura en el territorio, que promueve el cuidado; el modelo extractivista, cada vez más presente, fomentado por las grandes empresas, que destroza el medio ambiente y la vida de los pueblos, frente a modelos auto sostenibles; los derechos humanos, en una realidad donde muchos líderes son asesinados; la migración, un fenómeno mundial presente en la Amazonía, gente que busca una vida mejor, que también afecta al mundo indígena; la corrupción, presente también en el día a día, en la Iglesia, en la familia, que debe ser combatida desde la educación en la familia y la catequesis.

El Sínodo para la Amazonía es un tiempo de gracia que puede dar un impulso, promoviendo el dialogo intercultural, los nuevos ministerios, una celebración de la fe, a través de sacramentos y liturgia más inculturada en la realidad amazónica e indígena, con misioneros dispuestos a formar líderes, un diálogo ecuménico, que se traduzca en nuevas relaciones y celebraciones comunes, y una atención prioritaria a la familia y las comunidades.

El encuentro ha servido para ver propuestas concretas para esta triple frontera, buscando momentos para llevarlas a cabo y responsables que las coordinen. Estas propuestas van desde actividades en el campo de la ecología, de la juventud, destinatarios de buena parte de las sugerencias, el combate a la trataescuelas de formación comunes, continuar los encuentro comunesredes de comunicación transfronterizas, entre otras muchas propuestas que ponen de manifiesto que el proceso sinodal ha ido plantando semillas de nuevos caminos, que poco a poco se van concretando, lo que permite seguir soñando, viviendo con esperanza.

 

Fuente: Religión Digital

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