Retiro entre jóvenes indígenas zoques, ch’oles y tseltales de la Misión Santísima Trinidad

Publicado: Jueves, 08 Agosto 2019
1
2
socialshare
0
s2sdefault

 

Compartimos un artículo de la Red de Solidaridad y Apostolado Indígena (RSAI) de la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y el Caribe (CPAL), escrito por Juan Pablo Orozco Salazar (Chore), SJ:

La Arena, Ocosingo, Chis.

 

Del 24 al 26 de mayo se llevó a cabo un retiro entre jóvenes indígenas zoques, ch’oles y tseltales de la Misión Santísima Trinidad (La Arena) y de la Misión de Bachajón en la comunidad de Joltuliha’, que pertenece a la Misión Santísima Trinidad. Ambas misiones están ubicadas en el sureste de México, en el Estado de Chiapas, que colinda con Guatemala.

Cuando me pidieron que diseñara el retiro, se me dijo que el objetivo era que los jóvenes reforzaran, desde su propia cosmovisión, el servicio que dan a sus comunidades. En el retiro estaban presentes coordinadores de antorchistas, animadoras y animadores de grupos infantiles y juveniles, directores de mariachis, etc.

Al principio no supe bien cómo elaborar el retiro, pero seguí el siguiente esquema sencillo, que al final les gustó mucho los participantes. Fueron tres temas donde cada uno de ellos respondía al pasado, presente y futuro. El primer tema se llamó: “Repasando nuestro camino”. Recorrimos los momentos más importantes de nuestra vida, para reconocer en ella el paso de Dios. El segundo tema, el presente, se llamó “¿Dónde y cómo estoy?”. Aquí nos ayudamos del primer ejercicio para que, en base a la experiencia de cada persona, redactáramos cuál es nuestro Principio y Fundamento. Finalmente, en una perspectiva de compromiso hacia el futuro, reflexionamos la creación de la humanidad desde la cosmovisión del Popol Vuh, de los pueblos mayas. Reflexionamos que, si estamos hechos de maíz, nuestro principio y fundamento básicamente es el de ser alimento para nuestras comunidades. Este tercer tema se llamó “De maíz nacimos, para servir somos”.

La comunidad de Joltuliha’ se caracteriza por ser un paraíso selvático. “Jol” en lengua ch’ol y tseltal significa cabeza, es decir, que ahí nace el río Tuliha’: ahí está su cabeza, su ojo de agua, que recorre varias cañadas de la selva hasta incorporarse al río Usumacinta. El manantial de ahí tiene el agua más cristalina y fresca que podamos imaginar. Está rodeado de selva exuberante y del canto de cientos de pájaros.

El segundo día temprano, nos fuimos a hacer oración al manantial. Cada joven se sentó en el puente que cruza el naciente río, con una mazorca en sus manos, cerraron los ojos y, aplicando los sentidos, fui guiando a los jóvenes para que se conectaran con la madre tierra, con el viento, con el aire puro que llenaba nuestros pulmones. El maíz, herencia de las abuelas y abuelos, en nuestras manos nos fue hablando a través del tacto; él es la comunidad, no estamos aislados, los granos débiles son los integrantes que hay que cuidar. También nos dijo que, como el grano de maíz al ser sembrado, hay que morir a nuestros apegos para vivir y dar vida. Todo esto lo rescatamos al final de la oración.

Este acontecimiento toma especial importancia porque los jesuitas de las dos misiones de Chiapas: Bachajón y Santísima Trinidad, estamos en un proceso de fusión e interrelación cada vez más estrecha. No hay camino trazado. Nos hemos acercado cada vez más para que con discernimiento orante, podamos vislumbrar un horizonte de misión común en estas tierras.

Al pasar los días y semanas me di cuenta que este retiro de alguna forma tocó las cuatro Preferencias Apostólicas Universales que ya conocemos: jóvenes; pobres: indígenas/migrantes; ecología-madre tierra; promover la espiritualidad ignaciana. También vi cómo las cuatro preferencias se interrelacionan. Sin embargo, este evento, me deja más preguntas que respuestas: ¿Cuál es la cosmovisión actual de los pueblos, especialmente la de los jóvenes indígenas? ¿Qué nos pueden aportar los pueblos indígenas a nuestra propia espiritualidad, a nuestra sociedad ahogada en el consumismo? Es decir, no solo lo ignaciano hacia los pobres, jóvenes, etc., sino que los pueblos también tienen algo que decirnos y enseñarnos. ¿Cómo compartir la riqueza de la espiritualidad ignaciana sin avasallar o imponer sobre otras culturas y espiritualidades iguales de ricas, como la mayense? ¿Cómo construir puentes para no traspolar sin más una espiritualidad en otra cultura, sin tomar en cuenta la cosmovisión, vida y riqueza propia? ¿Cómo promover la Espiritualidad, sea la ignaciana o la mayense propia de los pueblos, a un “público” pobre? Normalmente el nivel socioeconómico de las personas a las que nos dirigimos con la espiritualidad ignaciana son de nivel medio o medio alto.

 

También, no solo a nivel personal, sino como equipo de la Misión Santísima Trinidad hemos venido reflexionando ciertos puntos. Sobre todo sobre lo que significa hoy ser iglesia autóctona: que tenga sus propios servidores, que tome en cuenta los ritos y cultura propia, que la iglesia tenga rostro y corazón indígena maya tseltal, maya ch’ol, zoque… que tome en cuenta los anhelos de los jóvenes; que sea iglesia enraizada en su cultura, y sin dejar de tener comunión con la diócesis local, de San Cristóbal de las Casas. Que sea iglesia en comunión, iglesia autóctona, no autónoma.

Personalmente, me entusiasma la oportunidad de compartir estas y otras inquietudes, preguntas y alegrías con ustedes. La Red de Solidaridad y Apostolado Indígena de la CPAL, junto con el grupo de reflexión del ERCRILA me han ayudado para ventilar y confrontar mi visión sobre lo indígena, o aquello que llamamos “pastoral indígena” y la importancia que tiene la interculturalidad en los apostolados con los pueblos originarios.

En la Ciudad de México tendremos una reunión como Red Indígena de la Provincia, del 16 al 18 de septiembre. Estoy seguro que será de gran provecho. Deseo y espero que así también en las demás provincias vayan teniendo reuniones y encuentros locales, a según lo permita la realidad. Ojalá vayamos creando sinergia entre jesuitas y laicos para concretar en la medida de lo posible las cuatro PAU; y, sobre todo, seguir animándonos en las distintas trincheras, montañas, ríos y cañadas en las que estamos cada quien, dejándonos evangelizar por el Dios de los pobres.

Saludos y nos seguiremos encontrando,

 

Juan Pablo Orozco Salazar (Chore), SJ

+ Noticias