El hermano jesuita en el teologado. Por: H. Daniel Chaw SJ

Publicado: Miércoles, 12 Junio 2019
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Compartimos el testimonio personal del H. Daniel Chaw SJ sobre su vivencia en el Teologado y en la provincia colombiana. 


Las eventualidades son irrepetibles. Cuando llegué a mediados del año 2017 a Bogotá para integrarme a la comunidad de estudiantes teólogos del CIF, no me imaginé encontrarme con otros dos hermanos: Joel Uribe de México y Pablo Mayorga de Chile. El primero compartía la Teología con los estudios ambientales; el segundo, con las artes gráficas.

Dado que el horizonte para el hermano jesuita no es la ordenación ministerial, las materias del pensum se eligen y enfatizan en aquello que más ayuda a la formación religiosa, pastoral y comunitaria. Es así como, -en la libertad que nos ofrece la formación- cursé materias bíblicas juntamente con otras como: “Ecología y religiones”, “Medellín”, “Religiones monoteístas comparadas”, “Escuelas espirituales”, entre las principales.

Esta experiencia universitaria no solo es académica. La facultad de teología de la Pontificia Universidad Javeriana presenta la mayor gama de estudiantes extranjeros (vietnamitas, africanos, latinoamericanos, brasileños, entre otros) -de quienes uno también aprende- y de diversas congregaciones religiosas. Incluso, cada vez más se integran estudiantes delseminario diocesano y laicos. Ello representa una gran riqueza: una pequeña muestra de nuestra universalidad eclesial.

Como Jesuita -y expresaría lo mismo si fuese escolar- he comprendido que los estudios colaboran como fuente y materia para el discernimiento. Por ello, siendo la actividad de discernir una labor constante, el estudio lo es igual. Es decir, nuestra formación para un mayor y mejor servicio debe ser permanente.

Pero, no lo hacemos solos ni solamente desde lo académico. Se aprende y se proyectan los estudios en las actividades cotidianas, simples y comunitarias. Así como, en el trabajo pastoral, se nos ha presentado grandes retos para manifestar creativamente al Dios revelado en Jesús y ello en el contexto de la realidad bogotana que se palpa: pobreza, marginalidad, desigualdad, violencia, desplazamiento y migración. Realidad dura pero aún en éstas se encuentra el calor de la solidaridad, la esperanza y la motivación.

Tras dos años de estancia en la provincia colombiana retorno hacia otros lugares para continuar mi formación permanente. Cargo el más grato recuerdo: “porque fui extranjero y me acogiste”. Y de ello, parto muy agradecido: las ocurrencias de los compañeros de camino, la precisa predicación de los padresjesuitas y su acompañamiento, la preocupación de los laicos que trabajan en la facultad y tantos gestos de acogida de la gente en los trabajos pastorales.

Por último, -sin que ello indique una nota de despedida sino un: “parecerá que me he ido”- les deseo mucho ánimo para continuar la obra de quién hemos sido llamados y de quién solo nos fiamos: En Cristo.

H. Daniel Chaw SJ

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