Invitados a implicarnos en lo nuevo de la vida y de Dios (Juan 2, 1-11)

Publicado: Domingo, 20 Enero 2019
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Estamos en la 2ª semana del Tiempo Ordinario y la Liturgia nos invita, a partir de la actuación de Jesús en las Bodas de Caná, a abrirnos a celebrar la vida y la esperanza que Dios manifiesta por medio de Jesús y por medio de los signos de vida que encontramos a diario.

El evangelista Juan (2, 1-11) nos dice que Jesús, su Madre y sus Discípulos estaban en una boda que se celebraba en Caná de Galilea. Conviene tener en cuenta que la boda es una de las mayores celebraciones para el Antiguo Testamento, donde la gran fiesta es la boda de Dios con su pueblo. Así lo exponen los Profetas, el Cantar de los Cantares y los mismos Evangelios.

En la boda de Caná se acabó el vino. No habría mayor problema si la fiesta estuviera terminando, pero no parece ser así, puesto que María y Jesús tienen un diálogo muy serio sobre la situación de aquella boda. Nos sorprende la actuación de María y Jesús en una fiesta, porque casi siempre asociamos la vida de fe con la devoción, ritos, oraciones, etc., y pocas veces con la fiesta. La verdad es que la vida vivida, construida juntos y compartida es la gran fiesta no solo del cristiano sino de toda persona, pueblo y nación.

Las seis tinajas de piedra dedicadas a las purificaciones de los judíos representan la Ley que rige la vida del pueblo. Pero estas tinajas están vacías. Por eso, lo primero que Jesús hace es mandar a llenarlas de agua. Y no puede ser de otro modo porque la vida no puede estar vacía, y aquella fiesta está a punto de quedarse sin vida, se ha quedado sin vino, sin sazón, sin sentido.

Cuando Jesús manda que saquen un poco de las tinajas y lo lleven para que lo pruebe el mayordomo, éste capta de inmediato la novedad y exclama: “todo el mundo sirve primero el vino mejor, y cuando los invitados han bebido bastante, se sirve el vino corriente. Tú en cambio, has guardado el mejor vino hasta ahora”. A lo que habría que agregar: ¡Que siga la fiesta! ¡Que siga la alegría! ¡Que despierte la esperanza!

El mayordomo no sabe realmente de donde venía aquel vino exquisito. Sin más, afirma que procede de la bodega del novio, cuando lo cierto es que procede de la reserva de Dios. Y es que Dios pone primero lo sencillo, lo simple, lo pequeño, porque acepta nuestra fragilidad o pequeñez. Pero luego, lo que viene de Él, es la plenitud que captamos en un momento fugaz de fiesta interior que pone de manifiesto la gloria escondida de Jesús y nos mueve a seguirlo.

Muchas veces pasa que las instituciones, las organizaciones, la familia e incluso la comunidad cristiana o religiosa, están a punto de quedarse sin celebración, sin vida. Puede estar faltando aquel toque mágico que haga surgir el encuentro, el despertar de todos. Es necesario que fluya la esperanza y la alegría, pero, hacen falta personas atentas, como María, que se atrevan a captar la necesidad de los demás, que resuelvan sin demoras y sin excusas, poniendo término a toda indigencia.

Cuando las situaciones llegan al límite y todo parece colgar o pender de un hito de aliento y audacia para que se dé un cambio, como sucede en Venezuela o en tantos pueblos y naciones que languidecen por la perversidad o indolencia, aparece este Evangelio para pedirnos que no tengamos miedo a la Novedad de la Vida y de Dios.

Qué grande sería si cada quien sacara algo de lo bueno que lleva dentro de sí, por sencillo que sea, para ofrecerlo sin reservas. Con toda seguridad también convertiría la carencia en abundancia. Haríamos que la vida de los demás y la propia se encontraran desbordadas por la abundancia de Dios.

Por: P. Gustavo Albarrán S.J.

 

Celebra la Vida

No sé si soñaba, no sé si dormía, pero una voz me dijo: celebra la vida. Piensa libremente, ayuda a la gente, y por lo que quieras lucha y sé paciente. Lleva poca carga, a nada te aferres, porque en este mundo nada es para siempre. Búscate una estrella que sea tu guía, no hieras a nadie, reparte alegría.

Celebra la vida, celebra la vida, que nada se guarda, que todo se brinda. Celebra la vida, celebra la vida, segundo a segundo y todos los días. Y si alguien te engaña al decir "Te Quiero", pon más leña al fuego y empieza de nuevo. No dejes que caigan tus sueños al suelo, que mientras más amas más cerca está el cielo.

Grita contra el odio, contra la mentira, que la guerra es muerte, y la paz es vida. Celebra la vida, celebra la vida y deja en la tierra tu mejor semilla. Celebra la vida, celebra la vida, que es mucho más vida cuando tú la cuidas.

(Cf. Axel Fernando)

 

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