Los Ejercicios Espirituales: Tercera y cuarta semanas

Publicado: Jueves, 28 Noviembre 2019
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Continuamos con las partes 5 y 6 de los comentarios que Josep M. Rambla, SJ hace sobre los Ejercicios Espirituales. En estos dos fascículos el autor comenta la terceras y cuarta semanas de los Ejercicios:

 

Al principio de los Ejercicios se recuerda que la persona que se ejercita deberá tomar «el fundamento verdadero de la historia» [EE 2,2]. Y, ¿qué fidelidad al evangelio tendría una experiencia espiritual que se detuviese en la puerta del misterio pascual? Por esto, en la anotación 4ª, Ignacio dice que la tercera semana de los Ejercicios ha de versar sobre «la pasión de Cristo nuestro Señor; la cuarta la resurrección y ascensión» [EE 4,3], es decir, sobre el misterio pascual. De modo que al entrar en la tercera semana se inicia la experiencia no sólo de la contemplación de la pasión, sino de todo el misterio pascual. Esto conviene tenerlo presente en el acompañamiento para no dejar truncado el proceso en el final de la tercera semana, ya que nunca se deberían dar 3ª y 4ª semanas por separado. Sin embargo, la contemplación del misterio pascual en los Ejercicios se justifica no sólo por el motivo expuesto, sino por su importancia para la confirmación de la elección. El misterio pascual, la muerte y resurrección de Cristo, es el punto clave del mensaje y de la experiencia cristiana, que se vive sacramentalmente, sobre todo en el bautismo y en la eucaristía, y que se realiza existencialmente en el vivir verdaderamente cristiano. Por esto, los Ejercicios en el momento culminante de la elección, ofrecen al ejercitante la posibilidad de la autentificación de su experiencia espiritual desarrollada hasta este momento.

El ejercitante que ha realizado la elección y entra en la fase de confirmación se halla en una situación semejante a la de Simón que después de confesar a Jesús y manifestar su adhesión a él, debe confrontarse con lo más profundo del misterio de Jesús, el Señor (cf. Mc 8,27-38). Por tanto, en la identificación o no identificación con Cristo mediante la contemplación, hallará la confirmación de la elección, o tal vez descubrirá que se hallaba en un error o que tiene la necesidad de seguir profundizando en el proceso de transformación personal en Cristo, «que Cristo se vaya formando» en él (cf. Gal 4,19). Por tanto, en las materias de contemplación de las semanas tercera y cuarta, hay continuidad con las precedentes, por cuanto siguen la secuencia de los pasos de la vida de Jesús, pero hay discontinuidad, ya que suponen un salto hasta el misterio cristológico de aquél que salva perdiéndose, vive muriendo, ama siendo abandonado […], se manifiesta desde el ocultamiento… En consecuencia, la tercera y cuarta semanas son inseparables, ya que el crucificado es el que vence y salva desde la cruz y el resucitado es el mismo que está taladrado por las llagas de la pasión. Se trata, pues, de una experiencia de gran calado y de un nuevo nivel espiritual hasta llegar a experimentar no sólo el dolor de Dios, sino el gozo y la alegría de Dios mismo.

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