Jerónimo Nadal: El Apóstol y organizador de los Ejercicios y los Colegios ante la crisis

Publicado: Miércoles, 06 Febrero 2019
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  1. La primera gran crisis de los Ejercicios Espirituales

 

1.1 La crisis ante la Primera Congregación General.

Los aportes de Jerónimo Nadal a la Compañía de Jesús han sido mucho y muy importantes. Probablemente, uno de los principales y que abordaré en esta presentación es su trabajo como organizador y difusor de los Ejercicios Espirituales en tiempos difíciles para la Orden y que han sido identificados como de crisis graves. Esta situación, estudiada ampliamente por diversos autores[i], tiene como marco de referencia la primera crisis grave que vivió la Compañía de Jesús después de la muerte de Ignacio de Loyola y en la que Nadal tuvo un rol decisivo. Mencionaré solamente algunos rasgos fundamentales.

  • La comunicación de la muerte de Ignacio de Loyola llegó a España cuando Jerónimo Nadal se encontraba en Valladolid. Diego Laínez, recién nombrado Vicario por los jesuitas profesos que se encontraban en Roma dio la noticia a través de Polanco con fecha 6 de agosto de 1556.
  • Los problemas comenzaron ante el hecho de que Jerónimo Nadal había sido nombrado Vicario General del Prepósito General, en Roma en noviembre de 1554 “para que tuviese sus veces y autoridad en toda la Compañía”[ii] . Pero como estaba en España, debía estar bajo la autoridad de Francisco de Borja, quien era Comisario en aquellas Provincias. Por otra parte, Laínez había sido nombrado Vicario por los profesos que se encontraban en Roma en la muerte del Prepósito General, por lo tanto, era él quien debía convocar la Congregación General[iii].
  • En Roma, Juan Alfonso de Polanco y Cristóbal de Madrid habían recibido la autoridad de Ignacio para lo que conviniese al gobierno de la Compañía. Asumieron la urgencia de que se nombrara un responsable que pudiese convocar la Primera Congregación General, según las Constituciones de la Orden, por lo que previeron que así lo hicieran los profesos presentes el día de la sepultura de Ignacio.
  • Cuando Nadal regresó a Roma el 2 de diciembre de 1556, Laínez le hizo formar parte de su consejo y su conocimiento del Instituto resultó de suma importancia para el Vicario.
  • Los españoles no podían llegar por la prohibición de Felipe II de viajar a Roma ante el problema con el Papa Paulo IV. Los jesuitas pensaron en viajar a España y tener ahí la Congregación, pero era evidente que esa solución no agradaba al Papa.
  • El 18 de junio el Cardenal Scotti informó a Laínez que el Papa estaba sumamente disgustado con la Compañía y exigía que se presentaran inmediatamente todas las Bulas y Constituciones que serían revisadas por dos cardenales. Exigió, además, una lista de los jesuitas presentes en Roma y les prohibió salir de la ciudad.
  • Nicolás de Bobadilla manifestó su opinión de que las Bulas debían ser reformadas por Paulo IV y también que las Constituciones le parecían sumamente complicadas.
  • Poncio Corgordán escribió dos memoriales al Papa en los que acusaba a los jesuitas de querer ir a España para elegir libremente al General, salir de su jurisdicción y terminar las Constituciones por su cuenta sin tomar en cuenta a la Santa Sede.
  • El 25 de junio, Nadal fue nombrado superintendente del Colegio Romano y el 27 de junio, el Vicario Laínez anunció un tiempo especial de oración y penitencia por las necesidades de la Iglesia y la Compañía.
  • Bobadilla afirmaba que las Constituciones no tenían autoridad pues solo eran obra de Ignacio. Desde su punto de vista, el Vicario General era ilegítimo y el gobierno debía volver a los fundadores. Logró ganar para su causa a Pascasio Bröet y a Simón Rodrígues, únicos compañeros vivos además de Laínez y Salmerón quien se hallaba en Nápoles alejado de toda disputa. Poncio Cogordán, Viola y Adrianssens se adhirieron al grupo de inconformes.
  • Pascasio Bröet y Simón Rodrígues abandonaron los proyectos del instigador Bobadilla. Con el tiempo, todos, menos Cogordán decidieron lo mismo.
  • El Papa Paulo IV designó al Cardenal Ghislieri para que interviniese en el conflicto. Prohibió a Bobadilla y a Cogordán tratar el asunto con nadie, excepto con él.
  • El conflicto terminó con la revocación por la prohibición papal de que los jesuitas saliesen de Roma. Se firmó la paz entre el Pontífice y el Rey de España y la Congregación General fue convocada para los comienzos de junio de 1558.
  • Se decidió que las Bulas y las Constituciones de la Compañía serían revisadas por los cardenales nombrados a tal efecto.
  • Los documentos de la Compañía no sufrieron ninguna modificación, mucho menos recibieron reprobación alguna.

 

1.2 La crisis en la práctica de los Ejercicios Espirituales

La historia de la práctica de los Ejercicios Espirituales nos indica que hubo varias etapas en su desarrollo. Primero fue la experiencia de Ignacio y después la de aquellos que él llamó los “mejores” en dar Ejercicios, es decir, Pedro Fabro, Alfonso Villanueva, Alfonso Salmerón, Francisco de Estrada y Jerónimo Doménech. En segundo término, podemos citar la práctica de Diego Laínez y de Leonardo Kessel. Los Ejercicios fueron practicados en muchas ciudades. Éstas eran aquellas en las que existía un reconocido centro de estudios como París, Salamanca, Lovaina, Bolonia, Padua, Alcalá. Había otras en las que los Ejercicios todavía no se difundían suficientemente, sus centros académicos apenas comenzaban o eran de menor importancia, como Ingolstadt, Gandía, Siena o Goa. Los ejercitadores más conocidos fueron Pascasio Bröet, Juan Bautista Viola, Everardo Mercuriano, Cornelio Wischaven, Adriano Adrianenssens, Diego Mirón, Paulo Achilles, Miguel de Torres, Diego de Cáceres o Francisco de Borja. Otros, aun cuando se mencionan menos, también nos han dejado su testimonio de trabajo y entrega como: Claudio Jayo, Simón Rodrígues, Aníbal Caudreto, Andrés Boninsegna, Silvestre Landini, Juan Pablo Álvarez, Oliver, Basilio Ávila, Juan Suárez, Cosme de Torres y Francisco Javier. Su ministerio lo llevaron a cabo en Génova, Ferrara, Tournai, Ratisbona, Córdoba, Granada, Zaragoza, Sevilla, Barcelona, Lisboa, Goa y muchas otras. Con su experiencia y la de muchos otros jesuitas, sus aportes, fracasos, descubrimientos, temores, errores y aciertos, fueron redactados los primeros Directorios de Ejercicios hasta concluir con la redacción del Directorio oficial, promulgado por el quinto Prepósito General, el P. Claudia Aquaviva, en 1599.

Es importante señalar que, como un reflejo de la flexibilidad de Ignacio en relación a la realidad circundante y sus necesidades, el método seguido por él en los inicios de su ministerio de Ejercicios fue cambiando según fueron modificándose sus objetivos, de acuerdo también a lo que la experiencia le iba aconsejando. Podemos distinguir tres momentos clave en esta transformación: a) Primero privó su deseo de que mucha gente se convirtiera, por lo que se dedicó al pueblo sencillo, a las mujeres y estudiantes, b) Un segundo momento está matizado por la necesidad de encontrar sujetos capaces que desearan compartir su proyecto. Comenzó por ganar a los universitarios de París y después se amplió a otros jóvenes y letrados. c) El tercero y último de estos estadios fue el que dedicó a la formación de los hombres más capaces para que retransmitieran su experiencia personal que consideraba del todo válida. En esta tercera etapa, que podríamos llamarla de formación, Ignacio fue “director de directores” y coincidió con los últimos años de su vida. Ignacio dio pocos Ejercicios a gente de fuera de la Compañía de Jesús y se dedicó, prioritariamente, a educar y formar a quienes lo habrían de suceder en su tarea de ejercitador. En esta última parte de su vida, ya como Prepósito General de la Orden, Ignacio se empleó también en dar a conocer y comunicar la naturaleza de su misión, privilegiando a eclesiásticos y personas influyentes en la corte pontificia de Roma.

Una de las causas de la crisis en la práctica de los Ejercicios fue que no siempre hubo buenos directores que conocieran el método ignaciano. La primera manifestación de la crisis se dio precisamente cuando los directores preparados por Ignacio o los jesuitas de la primera generación se ocuparon en diversos cargos de gobierno o se dedicaron a las tareas educativas en el naciente ministerio de los colegios. Nos bastaría con citar a Laínez, González de Cámara o Juan Alfonso de Polanco, quienes desempeñaron diversos cargos en el gobierno de la Compañía en Roma. Ribadeneyra fue nombrado provincial en 1560. Salmerón, Palmio, Miguel de Torres, lo eran cuando Diego Laínez fue nombrado General. Francisco de Borja desempeñaba importantes labores de gobierno en España.

El naciente ministerio de los colegios obligó también a que fueran destinados a ellos los mejores directores de Ejercicios lo que ocasionó una disminución en la práctica del retiro ignaciano. Más aún, esto impidió que los jóvenes jesuitas recibieran una adecuada atención por parte de aquellos que no tenían ni el conocimiento de los Ejercicios ni la práctica deseada para acompañarlos según las exigencias del método ignaciano. Ya en 1553 Ignacio de Loyola había tenido que intervenir para urgir a los jesuitas a que no dejaran de dar los Ejercicios, que se dieran solamente a aquellos que tuvieran subiecto y de quienes se esperaba mucho fruto y, sobre todo, a insistir en que se respetara la esencia del método, fundamental para obtener óptimos resultados. Sin embargo, después de la muerte de Ignacio no resultó fácil destinar a ese ministerio a los mejores en dar el modo y orden de los Ejercicios.

 

1.2.1. Las causas de la crisis

 

La práctica de los Ejercicios había tenido ya varios problemas desde el tiempo de Ignacio: las sospechas de iluminismo de los jueces en Alcalá de Henares y Salamanca. Las acusaciones de París ante la conversión de los ejercitantes Juan de Castro, Pedro de Peralta y Amador de Elduayen. Se añadieron las incomprensiones del Cardenal Carafa y los temores de algunos venecianos. Finalmente y tal vez la más grave de todas fue la de la oposición de Fray Agustín de Piamonte, el predicador con tendencias protestantes, en Roma. Las crisis más señaladas han sido:

  • Algunos problemas que se presentaron después de la impresión del libro entre 1548 y 1551.
  • Las impugnaciones del Arzobispo Juan Martínez Guijeño, conocido como Siliceo.
  • Los ataques de Melchor Cano y el sector intelectualista antimístico.
  • La censura del P. Tomás Pedroche y las acusaciones de iluminismo.
  • Los problemas de la traducción[iv].

Por lo que se refiere a las crisis en la práctica de los Ejercicios Espirituales, el P. Ignacio Iparraguirre[v] menciona algunas de sus principales causas en los siguientes términos:

  • Ausencia de sujetos idóneos para las necesidades de ministerio tan importante. Pocos que sabían dar los Ejercicios y muchos no los acompañaban como debía ser.
  • Creciente abandono de la práctica de los Ejercicios, especialmente en los colegios. Se percibía un olvido de su eficacia como el “arma” por excelencia para ganar almas para el Señor.
  • Los pocos directores que había, no sintiéndose competentes para conocer a fondo el método, se quedaban en la superficie y se contentaban con dar los Ejercicios de la primera semana y esto de un modo simple y sin ninguna estructura. La mayoría renunciaba a pasar más adelante, abandonando toda esperanza de que la persona diera mucho fruto, que era la característica fundamental de que buscaba Ignacio, los primeros compañeros, y los jesuitas de la primera generación.
  • Las personas que hacían los Ejercicios de este modo se desilusionaban y pensaban que el método ignaciano, o era sumamente superficial o no daba para más.
  • Por el deficiente manejo del método los Ejercicios se daban a la letra y se desvinculaban del espíritu. La mayoría de las veces eran dados de un modo mecánico, repetitivo y se reducían a homilías o prédicas por el miedo natural de quien desconoce la eficacia del método y su estructura.
  • Según el testimonio del P. Gil González Dávila “el uso de dar los Ejercicios en algunas partes es muy raro y allí donde todavía se sigue dando, se hace con menor fruto. Esta arma espiritual que al principio de la Compañía aprovechó tanto, ha perdido mucho de su utilidad y eficacia, porque falta destreza en los Nuestros para usarla”[vi].
  • Y añade: “¿Cuántos de los Nuestros pueden dar razón de estos Ejercicios? Muchos no han ni siquiera saludado el comienzo de sus reglas y anotaciones. Sus modos de orar y meditar no los han tomado de las reglas de los Ejercicios sino de otros sistemas que se han metido de una manera subrepticia, poco seguros y menos acomodados a la vocación peculiar de la Compañía”[vii]. Más aún, “Ningún medio hay más caído que éste de los Ejercicios. Pocos lo saben dar y salen los ejercitados con menor fruto. En partes algunas no hay memoria en todo el año de uno siquiera que los haga”[viii].
  • El P. Cordeses era aún más duro en su percepción cuando enfáticamente afirmaba que: “Los Ejercicios perdieron ya su vigor”[ix].
  • No obstante la crisis que, en opinión del P. Iparraguirre, fue grave y dolorosa, tuvo una índole meramente práctica, no ideológica y no se trató de un cambio en la estructura de los Ejercicios.

 

[i] ASTRAIN, Antonio. Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España, Tomo II, libro 1, cap. 1; SCADUTO, M. L´epoca di Giacomo Laínez. II Gobernó 1556-1565, Roma, 1964, 1, cc. 1-2 RAVIER, A. Ignace fonda la Compagnie de Jesús, París, 1974, 296-333; RUÍZ, Manuel. La Figura de Jerónimo Nadal en la primera crisis grave de la Compañía (1556-1557), Manresa, Vol. 52, (1980), 135-154

 

[ii] MHSI, Epp. X, 17

[iii] MHSI, EN, II, 48

[iv] Andrés de Frusio al traducir al latín la frase de la Regla 14 para sentir con la lglesia, cuando Ignacio dice que: "dado que sea mucha verdad que ninguno se puede salvar sin ser predestinado y sin tener fe y gracia”  (EE 366) la tradujo así: “Advertendum quoque est, etiam si plane compertum definitumque esset, nemini contingere salutem nisi praedestinato...” (Ex. 558). Los contradictores se fundaron en el esset para asegurar que en los Ejercicios se defendía la opinión de Ambrosio Catarino, de que también los no predestinados podían salvarse. San Ignacio no lo cambió por respeto a la Santa Sede que había aprobado esta traducción. Araoz puso en vez del esset, un sit que reflejaba más fielmente el sentido del original (Ex. I, 380). Posteriormente se ha vuelto a poner un sit aun en la traducción Ilamada vulgata

[v] IPARRAGUIRRE, Ignacio. Historia de las Ejercicios de San Ignacio. Vol. II. Bilbao-Roma: El Mensajero del Corazón de Jesus-Institutum Historicum S.I., 1955, p. 391.

[vi] Citado por IPARRAGUIRRE, Ignacio, Opus cit. p. 393.

[vii] Directorio de Gil González de Dávila. MHS, Exerc. 904, Idem., p. 393

[viii] 8 Ibídem., p. 393.

[ix] 9 Ibíd.., p. 393.

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