El autor considera la desigualdad –arraigada en la cultura y que va más allá de la organización política– la fuente principal de los problemas de gobernanza en Latinoamérica. El artículo privilegia el análisis de la crisis ética. Recorre los poderes fácticos que dominan la sociedad y que conducen a una desigualdad social, económica y política. Finalmente señala que la renovación espiritual y la defensa de los más débiles son modos en que la Compañía puede responder a los retos planteados.